¿Quién
es George W. Bush?
Fue
Milton quien mejor lo
expresó, en su obra
Areopagitica,
escrita en 1643, cuando el
parlamento británico
adoptara leyes que limitaban
la venta de libros y
periódicos cuyos editores
sólo podían hacer
publicaciones o impresiones
autorizados.
La
crítica a la nueva élite
dirigente británica fue
eliminada so pretexto de
preservar las apariencias y
creencias religiosas de los
puritanos. Milton hizo una
brillante crítica de esta
ley que ponía fin a los
buenos reportajes y a las
publicaciones
«perjudiciales», al
explicar:
«Incluso si se han dejado
soplar libremente los
vientos de la doctrina sobre
la tierra de forma que
esparzan la verdad, no es
hacerle justicia el dudar de
su fuerza, recurriendo a
autorizaciones y
prohibiciones. Dejemos
luchar la verdad con la
mentira, mentira que no ha
podido nunca vencer a la
verdad cuando esta ha sido
puesta a prueba en un
combate libre y abierto».
Es
interesante notar que las
severas leyes regulatorias
contra las que protestó
Milton fueron redactadas por
un gobierno revolucionario
supuestamente comprometido
con la libertad. El infame
Star Chamber
(tribunal real de Inglaterra
abolido en 1641, conocido
por sus sesiones secretas
sin jurado, sus severos y
arbitrarios juicios y la
utilización de la tortura),
que había mutilado y
torturado a impresores y
editores por sedición y
herejía, había desaparecido,
pero persistía el impulso
autoritario hacia la
censura. Fue el debate
iniciado por Milton lo que
daría origen a la libertad
de prensa en esa época.
Milton y su
obra en el año 1643
En los
Estados Unidos de América de
hoy, oficialmente
comprometidos con la
libertad, y especialmente
con la libertad de
expresión, el libro que
apareció en su versión
castellana bajo el nombre de
«Nerón
del siglo XXI, George W.
Bush presidente»
tuvo que ser reimpreso luego
que más de cien mil
ejemplares fueron retirados
de las librerías en todo el
país (EEUU) en el año 2001
bajo la amenaza de ser
«quemados».
La
casa editorial
estadounidense
St.
Martin’s Press
que pensaba publicar este
libro biográfico del
presidente George W. Bush se
sometió al dictado y no hizo
intervenir ningún recurso
legal regulador, sino que
simplemente aceptó este
conjunto de falsos
principios que hacen que el
verdadero derecho se
transforme en superfluo.
Hoy,
editores y periodistas pasan
mucho tiempo censurándose a
sí mismos gracias a la
disciplina impuesta por los
procesos y a la amenaza de
retirarles la autorización
para ejercer. En vez de
dejar a la verdad y a la
mentira luchar cuerpo a
cuerpo en la mente de los
lectores, ni siquiera se
deja que la verdad suba al
ring, mientras que la
mentira se repande y difunde
libremente
Desde
hace años, George W. Bush no
ha negado con sus
afirmaciones que no consumió
cocaína. Cuando en diversas
ocasiones se le preguntó
directamente, vaciló e
responder. Admite haber
bebido mucho en su juventud,
pero, en cuanto a la
cocaína, ha eludido
sistemáticamente el tema. Ha
llegado a decir que no
quiere hablar de su pasado
porque esto podría dar una
excusa a los jóvenes para
hacer lo que él hizo en su
juventud.
La
lógica elemental llena los
vacíos de la evasiva
respuesta de Bush. A la
pregunta «¿Ha consumido
usted cocaína?» hay sólo dos
respuestas posibles: «Sí» y
«No». Sólo una de estas dos
respuestas –«Sí»– podría dar
una excusa a los jóvenes
para adoptar diversos
comportamientos
autodestructivos como el uso
de la cocaína.
¿Qué
conclusiones nos permite
sacar esta lógica? Según la
práctica del periodismo
moderno, absolutamente
ninguna. Lo que dice George
W. Bush es palabra de
evangelio gracias a los
medios masivos que repiten
fielmente sus comunicados de
prensa.
El
cuento del conservador
compasivo
Bush
es un
«conservador compasivo»,
pero no porque sea
especialmente compasivo ni
porque sea un conservador
con principios, sino porque
él lo dice y eso basta para
que la prensa lo repita como
algo establecido. Incluso si
sus propios comentarios
sobre el uso de
estupefacientes nos permiten
crear una prueba lógica que
demuestre que sí ha hecho
uso de drogas, periodistas
como Nat Hentoff, célebre
defensor de la libertad de
expresión y cronista en la
distinguida publicación
The
Village Voice,
se limitan a ignorar la
lógica y a afirmar que la
historia del uso de
estupefacientes (del
presidente Bush) es un rumor
«sin pruebas» [1].
Se
ignora igualmente la lógica
cuando la declaración de
Bush, que dice dar pruebas
de un «conservadurismo
compasivo», es aceptada sin
más análisis. Además de dar
a entender que generalmente
los conservadores no son
compasivos, ni el término
«compasivo» ni el término
«conservador» puede
describir fielmente lo que
representa George W. Bush.
Las
drogas
Declaraciones públicas del
equipo de consejeros de Bush,
aparte, los rumores de su
pasado de adicto a la
cocaína no son totalmente
infundados. En una
entrevista en abril de 1998
con el periodista Toby
Rogers del
Houston Public News, el
ex-secretario general del
presidente George Bush, el
señor Michael C. Dannenhauer [2],
admitió que G. W. Bush «era
incontrolable».
La
declaración de Dannenhauer
fue publicada en la revista
on line The
Greenwich Village
Gazette el 13 de septiembre
de 1999. Sin embargo, el
artículo, que no mencionaba
el nombre de Dannenhauer,
fue retirado sólo unas horas
después de su publicación
por temor a un proceso
judicial y porque el editor
temía que ninguna otra
fuente atestiguara el uso de
cocaína por parte de George
W. Bush.
Dannenhauer ni siquiera tuvo
que negar nada. Estas mismas
prácticas periodísticas que
dejan que George W. se
presente como un conservador
compasivo, sin ninguna
crítica, son implementadas
para impedir que la verdad
salga a la luz. Una
declaración pública de
alguien dotado de cierto
poder se supone verdadera,
mientras que una declaración
proveniente de un periodista
debe someterse a criterios
de comprobación mucho más
rigurosos antes de ser
aceptada.
Dannenhauer declaró
posteriormente que este
encuentro con el periodista
Toby Rogers nunca se había
producido.
Tres
semanas más tarde, un
empleado de la
Gazette
llamó a Dannenhauer en el
mismo momento en que la casa
editorial St. Martin’s Press
publicaba El Nerón del siglo
XXI, Georges W. Bush,
presidente, de James
Hatfield. Cuando fue
interrogado sobre la
entrevista que había
concedido meses antes,
Dannenhauer afirmó que esta
nunca había tenido lugar,
ignorando que el empleado en
cuestión tenía una foto de
Dannenhauer y del periodista
Toby Rogers entre sus manos.
Un
momento después afirmó que
la misma se había producido
«años antes» y no en 1998.
Luego modificó una vez más
su versión y declaró: «Un
momento, me citan diciendo
que George... se está
afirmando que he dicho… Yo
no tengo ninguna
información. Simplemente nos
encontramos para almorzar.
Ahora no recuerdo. Me
encontré con él cuando...
cuando trabajaba para un
diario local. Ni siquiera
recuerdo el nombre del... No
era uno... no era uno de los
mayores... No logro recordar
el nombre... No me acuerdo.
No sé cómo usted lo
calificará, ni lo que era.
Lo que sé es que sé muy poco
[sobre el uso de la
cocaína]... pero es una
mentira total.»
¿A qué
conclusión llega el lector
cuando ve a Dannenhauer
ofrecer tres versiones
diferentes e incompatibles
de su entrevista con el
periodista? Evidentemente,
al menos dos de las
versiones son falsas. Hoy la
mayor parte de los editores
y periodistas se sentirían
probablemente heridos en su
honor al aceptar estos tres
desmentidos como si tuvieran
un mismo nivel de veracidad
a pesar de las grandes
diferencias de espacio,
tiempo y lógica.
Dannenhauer leyó a
continuación una declaración
del ex presidente George H.
W. Bush acerca del libro
El Nerón del
siglo XXI. «Esta
historia es una crítica
malintencionada; eso nunca
sucedió. Su autor puede
decir lo que quiera a partir
de sus fuentes anónimas,
pero lo cierto es que no
dice la verdad. Se insulta a
sí mismo y a mi persona, lo
que no me gusta.
Ese
tipo de ataque
malintencionado y cruel
explica por qué mucha gente
de bien no desee hacer
carrera política. Me siento
orgulloso de que George Bush
tenga la suficientemente
fuerza y voluntad como para
soportar la presión, incluso
las estupideces como esta.»
Dannenhauer negó haber
afirmado, durante su
conversación con el
periodista de
Greenwich
Village Gazette, que
George W. Bush hubiera
consumido cocaína.
Durante la primera
publicación de esta
introducción, en enero del
año 2000, Dannenhauer fue
relegado a un puesto en la
Biblioteca Presidencial Bush,
aunque afirma que este
cambio fue una simple
coincidencia y no tuvo nada
que ver con las revelaciones
en contra del libro
El Nerón del
siglo XXI, Georges W. Bush,
presidente.
Claro
está que ni Dannenhauer ni
Bush tuvieron que justificar
o probar su afirmación
acerca de que «la gente de
bien» no deseaba hacer
carrera política porque
George W. había sido
interrogado sobre el uso de
cocaína. En realidad, Bush
no era la víctima explotada
por una prensa agresiva; era
un candidato presidencial
con mucho dinero que podía
obtener una plataforma
mediática por encargo.
Lejos
de ser alguien de bien casi
expulsado del juego político
por la prensa, Bush ha
ejercido un control casi
total sobre su personaje
público de «conservador
compasivo». Si los medios de
comunicación no hubieran
sido tan diligentes en
cuanto al recurso a fuentes
anónimas durante la
administración de un
conservador menos compasivo
–Richard Nixon– el escándalo
del Watergate no hubiera
estallado nunca. Sin
embargo, en la época de las
frases sin importancia y de
las entrevistas anodinas, la
regla parece ser «si no hay
noticias, buenas noticias».
Ahora
bien, las noticias no
faltan, pues Bush es
bastante menos compasivo que
conservador y he aquí un
ejemplo de su tan alardeada
compasión. En 1988, el ex
comisionado de bienes raíces
de Texas, Gary Mauro, como
candidato demócrata, se
enfrentó con todas sus
fuerzas al mastodonte
político que era Bush.
Con un
presupuesto de campaña
política cincuenta veces
inferiores al de Bush, la
campaña de Mauro cayó en el
olvido en mismo día de las
elecciones. Más que los
fajos de billetes ofrecidos
por las empresas que
sirvieron a Bush las llaves
de la Residencia del
Gobernador en bandeja de
plata, en el estado de
tejas, lo que más molestó a
Mauro fue su arrogancia.
Karla Faye
Tucker fichada por
la policía, derecha,
cuando se regeneró
en la prisión.
El
caso Karla Faye Tucker
El 2
de febrero de 1998, esta
adquirió formas de sadismo
con la ejecución de una
mujer criminal y convicta
Karla
Faye Tucker,
quien se transformaría en
prisión en una mujer
ejemplar, cristiana,
confesando su culpa y
arrepentir por sus crímenes
pasados, cuando era una
joven drogadicta y
descarriada.
«George
W. Bush sabía que no
aplazaría la ejecución de
Karla Faye Tucker. Hubiera
podido decírselo la
víspera», explica Mauro.
«Hubiera podido decírselo
una semana antes, pero
esperó seis horas por las
informaciones, sabiendo que
estaba atada a una camilla,
con la esperanza de salvar
la vida, y asistió al
espectáculo desde las
gradas.»
Bush
llegó mas lejos aún cuando
bromeó sobre la súplica
desesperada de Karla Faye
Tucker implorándole
clemencia, lo que fue
difundido en el
show
de Larry King Live.
Durante una entrevista a la
revista Talk, Bush se burló
de Karla Faye, imitando su
voz llorosa «Por favor, no
me mate» [3].
Si esto es compasión, es más
o menos tan convincente como
las tres versiones de
Dannenhauer, los sarcasmos
del presidente Bush sobre
las fuentes anónimas de este
libro o su negativa a decir
de una buena vez si había (o
no) consumido cocaína. No
obstante, la gran prensa
continúa repitiendo de buena
fe el término «conservador
compasivo» como si eso
tuviera alguna
significación.
Neonazis
estadounidenses en
Florida
Las
conexiones nazis
Sin
embargo George W. Bush es
conservador, ¿no es así?
¿Acaso no es conservadora
toda su familia? Lo que
caracteriza al
conservadurismo es el
respeto a las tradiciones
norteamericanas de la
libertad y, en este punto,
la familia Bush no es nada
conservadora. En el mejor de
los casos se le puede
calificar de mercenaria en
cuanto a sus alianzas
políticas y sus
recaudaciones de fondos y,
en el peor, pueden
clasificarse en la extrema
derecha del conservadurismo
tradicional.
Prescott Bush, el padre del
ex presidente y abuelo del
presidente actual, pasó más
de diez años ayudando a su
yerno George Herbert Walker
a
financiar a Adolfo Hitler
desde el banco de Wall
Street, Union Banking
Corporation [4].
George
Herbert Walker era uno de
los más poderosos
partidarios de Hitler en los
Estados Unidos y obtuvo de
Bush un puesto de director
en la firma. Entre 1924 y
1936, el banco de Bush
invirtió sumas considerables
en la Alemania nazi,
vendiendo obligaciones
alemanas a inversionistas
norteamericanos por 50
millones de dólares. En 1934
una investigación del
Congreso sospechó que la
línea Hamburgo-Estados
Unidos, de Walker,
subvencionaba una amplia
gama de esfuerzos pronazis
tanto en Alemania como en
los Estados Unidos. Uno de
los empleados de Walker, Dan
Harkins, testimonió ante
líderes del Congreso acerca
de las transacciones
comerciales y de las
simpatías pronazis de Walker [5].
Según
la Causa No. 248 del
gobierno norteamericano, una
gran parte de los activos de
Union Banking había sido
explotada en favor de la
Alemania nazi y había
servido para apoyar el
esfuerzo de guerra alemán.
El Alien
Property Custodian
norteamericano embargó los
fondos corrientes de Union
Banking Corp. y abrió dos
nuevas causas (la No. 259 y
la No. 261) para embargar
otras dos instituciones bajo
influencia nazi dirigidas
por el banco de Bush:
la Holland American Trading
Corporation et la Seamless
Steel Equipment Corporation.
Muchas grandes firmas habían
tratado con nazis en los
años anteriores a la Segunda
Guerra Mundial, pero
relativamente pocas se
comprometieron en una
cooperación tan a fondo con
la Alemania hitleriana
después de Pearl Harbor.
Para George Walker y
Prescott Bush los negocios
continuaban.
El
joven George Herbert Walker
Bush, también tenía
relaciones con simpatizantes
nazis según un compañero de
clases de éste, llamado
Upson Waller y que creció
con George Bush. Upson
Waller cuenta que a finales
de la década de los años
1930, tuvieron el mismo
profesor de matemáticas, el
profesor se llamaba Michael
Sides y este «era nazi y
hablaba de Hitler con
entusiasmo», recuerda Upson
Waller [6].
Aunque
el profesor Sides fuera
aparentemente un
simpatizante nazi, Bush
simpatizaba mucho con este
profesor, según Waller.
«Parecía apreciar al
profesor Sides así como a
los demás profesores»,
incluso a los más
autoritarios. Bush nunca lo
desafiaba y pensaba que «era
un gran profesor», dice
Waller.
Ello
podría explicar una broma
inhabitual y fuera de lugar
que hizo Bush padre a un
consternado Mijail
Gorbatchov, último
presidente de la Unión
Soviética, un día 3 de
diciembre de 1989 en el mar
de Malta La frase que lanzó
el presidente estadounidense
fue: «Mijail, los Juegos
Olímpicos de Berlín en 1936
fueron tan formidables que
pienso que deberíamos
repetirlos» [7].
Sin embargo, el nazismo era
mucho más que una broma para
George Bush padre cuando
codiciaba la presidencia.
En el
otoño de 1988, el
vicepresidente Bush y mano
derecha de Ronald Reagan,
tuvo que apartar a algunos
neonazis y antisemitas de su
campaña presidencial. El
escándalo había estallado
cuando el diario
Washington Jewish Week
y otras agencias de prensa
descubrieron que en el
equipo de campaña del
candidato presidencial de
Bush (padre) habían notorios
neonazis.
Entre
los más conocidos figuraban
Jerome Brentar, un
revisionista del Holocausto
quien afirmaba que los nazis
nunca utilizaron
deliberadamente gas contra
sus víctimas; también se
encontraba en el equipo de
campaña de Bush, Akselis
Mangulis, quien había hecho
parte de la Legión Latvia,
bajo mando de las SS nazis y
durante la Segunda Guerra
Mundial [8].
George W. Bush, el hombre
fuerte de la campaña
presidencial, alejó a los
nazis suavemente para
escapar «al ojo inquisitivo»
de la prensa. Tras ganar las
elecciones, cuatro de ellos
vinieron a trabajar para el
Partido Republicano según el
diario USA
Today [9].
Cuando
la historia se hizo pública,
los Bush se separaron
rápidamente de sus aliados
nazis. En septiembre de
1999, cuando numerosos
republicanos pidieron que
Pat Buchanan renunciara al
Partido debido a su aparente
simpatía por Hitler y a su
crítica a las acciones
norteamericanas durante la
Segunda Guerra Mundial, el
favorito a las elecciones
presidenciales (Bush padre)
permaneció silencioso, en
espera de los votos de la
extrema derecha.
La secta del
Reverendo Moon
La
secta Moon
La
familia Bush tiene
igualmente lazos con otras
fuerzas antidemocráticas
como la Iglesia de la
Unificación del reverendo
Yung Sun Moon, más conocidos
como
la
secta Moon
y cuyos discípulos son
también conocidos como «Moonies».
En 1994 Bush padre empezó a
cortejar a los Moonies para
que lo ayudaran a financiar
el futuro político de su
hijo. La razón para que los
Moonies apoyaran a un
«conservador compasivo» es
confusa, dado que esta
iglesia detesta el modo de
vida norteamericano que se
ha comprometido a defender
George W Bush. «América se
ha convertido en el reino
del individualismo y su
pueblo es individualista.
Deben tomar consciencia de
que América se ha convertido
en el reino de Satán», dijo
Moon durante un sermón en el
barrio de Tarrytown, Nueva
York, el 5 de marzo de
1995 [10].
Moon
estimula igualmente una
forma de colectivismo la
cual rechazaría la mayoría
de los conservadores. El 4
de agosto de 1996, Moon
expresó que los
«norteamericanos que
continúan conservando su
intimidad y su
individualismo extremo son
unos idiotas» [11].
En
septiembre de 1995 George y
Barbara Bush pronunciaron
seis discursos para la
Women’s Federation for World
Peace, un grupo de fachada
dirigido por la esposa de
Moon, Hak Ja Han Moon. Ante
50,000 discípulos y ante el
mismo Moon. George Bush
padre afirmó que lo que
realmente importaba era la
«fe, la familia y los
amigos». Hak Ja Han Moon
siguió al ex presidente en
el podium y declaró que era
necesario que el reverendo
Moon salvara a los Estados
Unidos, que van por un mal
camino debido a la
decadencia familiar y
moral» [12].
El 22
de noviembre de 1996, Bush
padre se expresó durante una
recepción en Buenos Aires en
ocasión de la inauguración
de Tiempos
del Mundo, un diario
financiado por la secta Moon,
cuyo jefe, sentado unas
cuantas filas delante de
Bush, recibió así el elogio
de este: «Quiero saludar al
reverendo Moon, fundador del
Washington
Times y de
Tiempos del
Mundo. Un buen número de
mis amigos en América del
Sur no conocen el Washington
Times, una voz
independiente.
Sus
editores me han confiado que
este hombre de vista larga
no ha interferido ni una
sola vez en el
funcionamiento del diario
que, según lo veo,
contribuye al fomento de la
razón en Washington» [13].
La
prensa sudamericana atacó a
Moon al revelar sus lazos
con algunas de las peores
dictaduras de extrema
derecha del continente. Los
periodistas analizaron
igualmente los lazos de Moon
con los carteles de la droga
que, en cooperación con el
ex nazi Klaus Barbie,
ayudaron a organizar un
golpe de Estado en Bolivia
en 1980 [14].
Moon y
sus amigos financiaron y
trabajaron en estrecha
colaboración con los líderes
del golpe de Estado –los
nazis y los de los carteles
de la droga. Gracias a Bush
«una vez más el cielo ha
transformado una decepción
en victoria», declaró el
Unification Times, que se
regocija de las
observaciones de Bush sobre
los recientes esfuerzos de
Moon. [15]
Un año
más tarde el reverendo Moon
donó un millón de dólares a
la
Librería Presidencial George
Bush,
en Texas. El propio
presidente George W. Bush
estableció algunos lazos
antidemocráticos. En este
sentido analicemos su
asociación con el grupo
neoconfederado United
Daughters of the Confederacy,
cuyas iniciales son UDC.
Este movimiento extremista
opera como organización
cultural y erige monumentos
en honor de los soldados
confederados en todo el Sur
de los Estados Unidos;
exhibe con orgullo las
banderas confederadas en la
portada de su revista y
mantiene estrechos lazos con
la extrema derecha.
Extremistas
racistas del Ku Klux
Klan
Los
racistas blancos del Ku Klux
Klan
Uno de
los favoritos del movimiento
neoconfederado es Michael
Andrew Grissom, quien forma
parte del comité consultivo
nacional del Consejo de
Ciudadanos Conservadores,
grupo que cree en la
supremacía de los blancos y
declara que Martin Luther
King Jr. era un comunista,
que los blancos son
superiores a los negros en
aspectos como la
inteligencia, el respeto a
las leyes, la contención
sexual, el éxito escolar» y,
extrañamente, «la
resistencia a las
enfermedades» [16].
Grissom es el autor del
libro
Southern By The Grace Of God,
que justifica los peores
actos de racismo del Sur.
Entre las declaraciones de
Grissom figura la siguiente:
«Nadie puede poner en duda
la eficacia del Ku Klux Klan
en sus inicios, que realizó
voluntariamente un
formidable trabajo entre los
pobres» [17].
Afirma además que las
cogullas (capuchas) del Klan
constituían una preciosa
protección al mantener «el
anonimato» y que los
delincuentes y criminales
han terminado destruyendo su
eficacia [18].
La UDC
colaboró con Grissom par la
construcción de una estatua
en el lugar donde se produjo
la Batalla de Vicksburg.
Mientras que la mayoría se
ofuscaría ante el
pensamiento de una alianza
con un apólogo del Ku Klux
Klan, George W. Bush
felicitó a la UDC por su
«consagración a los demás» y
por los «elevados criterios»
del grupo en una carta
publicada en el UDC Magazine
de 1996 [19].
La
verdad acerca de la supuesta
«compasión» de George W.
Bush y de su conservadurismo
equívoco es de notoriedad
pública, pero el candidato
debe aún dar pruebas serias
como ser humano compasivo o
conservador auténtico. En la
lucha entre verdad y
mentira, los periodistas,
que se supone se alineen en
el campo de la verdad,
abandonaron el partido y se
dedicaron al cóctel que se
les ofrecía.
Fue
entonces que se produjo la
intervención de James
Hatfield, el autor del libro
El Nerón del siglo XXI,
libro con madera de
best-seller. Ubicado en el
octavo lugar del Top de los
100 mejores ventas de Amazon
en las 72 horas siguientes a
su publicación y en el
vigésimo tercer puesto en la
lista de libros no
novelescos en la
clasificación del diario
New York
Times, fue sin embargo
retirado de la venta menos
de una semana después de su
aparición tras afirmaciones
de que Hatfield había sido
reconocido culpable de un
delito grave.
La
relación entre esta
inculpación y la facultad de
este hombre para
entrevistarse por teléfono
con fuentes próximas al
equipo presidencial Bush
(hijo) esta vez y acerca del
pasado de este último no se
explicó nunca de forma
satisfactoria. El editor,
St. Martin’s
Press, declaró
públicamente que el libro
El Nerón del
siglo XXI, Georges W. Bush,
presidente había sido
«escrupulosamente
corroborado» y que «los
hechos habían sido
verificados», no sólo por
parte de los abogados
internos del editor, sino
también por parte de un
prestigioso gabinete de
Washington, D.C.
especializado en la
«verificación» de las
biografías para las casas
editoriales.
En vez
de dejar que las
afirmaciones de Hatfield
«soplaran sobre la tierra»
como lo había recomendado
Milton en Inglaterra hace
siglos atrás, el editor
retiró los libros de los
estantes prometiendo
quemarlos, como si el simple
hecho de leer ese texto
pudiera ser suficiente para
que el lector aceptara su
contenido como la más pura
verdad.
Sin
embargo, contrariamente a
los medios de prensa, el
público da muestras de un
escepticismo sano y de una
evidente curiosidad. Si bien
las afirmaciones de Hatfield
son difíciles de corroborar,
como lo han señalado algunos
medios, no sería la primera
vez que un libro así se
hubiera publicado, leído por
muchísima gente, debatido
públicamente y tal vez
despreciado.
Robert
Parry, periodista que fue
sacado de la revista
Newsweek
después que el secretario
general del presidente Bush,
Donald Greeg, se quejara al
editor de dicha publicación
sobre la forma en que Parry
cubriera la crisis de la
institución de ahorro y la
forma en que fueron puestos
a salvo los fondos
gubernamentales, declaró:
«Hemos visto libros sobre
Clinton que, según pienso,
tienen mucho de invento.
Está el libro de Aldrich,
Unlimited
Access, todas esas
afirmaciones insensatas como
la de Mena [operación de
tráfico de drogas en
Arkansas] son puras
invenciones.»
La
diferencia entre los libros
contra Clinton y esta
biografía de George W. Bush
es sorprendente. Los
primeros estuvieron a la
venta en las librerías de
todo el país mientras que
El Nerón del
siglo XXI, Georges W. Bush,
presidente fue retirado de
las mismas con la amenaza de
ser quemado.
Parry
señala que «los antecedentes
penales de los hijos de papá
desaparecen para siempre sin
que medie ley para ello. Si
se queman todos los libros
con afirmaciones impugnadas
tendrán que quemarse todos
los fondos de las
bibliotecas y eso me parece
bastante inquietante, aún
mas si tenemos en cuenta que
a la prensa no parece
preocuparle que se quemen
libros.»
Nat
Hentoff, ardiente defensor
de la libertad de prensa, ha
calificado la planificada
destrucción del libro
El Nerón del
siglo XXI como
«necesaria» principalmente
porque los lectores no
tienen cómo verificar la
historia del arresto de 1972
por posesión de cocaína [20].
Pero
ya que el «conservadurismo
compasivo» de Bush tampoco
ha sido verificado por la
prensa, tal vez Hentoff
podría pedir que se quemen
las declaraciones de prensa
de George W. Bush, que a
veces parecen «ciencia
ficción», el mismo término
que utiliza el ex gobernador
de Texas para hablar del
libro El
Nerón del siglo XXI, Georges
W. Bush, presidente.
Desde
hace décadas la prensa
reporta de buen grado
conferencias de prensa y
escándalos sexuales
ocasionales, pero el
periodismo de investigación,
la búsqueda de la verdad
tras las pequeñas frases, ha
perdido importancia.
Mientras las ondas difundan
informaciones y las fuentes
«honorables» pongan su grano
de arena, no hay que
averiguar demasiado.
Averiguar significa
exponerse a la
responsabilidad o al
ridículo y la lucha entre la
verdad y la mentira es menos
importante que la lucha
entre las agencias y diarios
por el acceso precioso a los
dólares de los políticos y
publicistas.
Es
irónico que las historias
del comportamiento pasado
del «joven e irresponsable»
Hatfield haya servido de
pretexto para retirar el
libro de los estantes de las
librarías. El principal
candidato a la presidencia
ha invertido millones de
dólares para explicar a los
Estados Unidos que su propio
pasado no tenía importancia
y numerosos electores lo han
aceptado.
La
lección que Bush ha enseñado
a los medios de comunicación
es que su caso no se aplica
como se aplicó para demoler
a James Hatfield. Su pasado
sin embargo, sin relación
con la cuestión, ha sido
suficiente para condenarlo,
a él y a su obra.
En
Areopagitica
Milton ha explicado que
actuar en un plano de
igualdad, donde cada idea
pueda ser expresada
abiertamente y luego
criticada públicamente, no
era simplemente una
comodidad o un privilegio
que tuviera ser concedido
por las autoridades
establecidas, sino era la
mejor y única forma de
establecer la verdad.
El
público es capaz de evaluar
la veracidad de una historia
estableciendo pruebas
lógicas, comparando los
argumentos y
contra-argumentos y
valiéndose de sus propios
juicios en cuanto a la
credibilidad de las fuentes.
Su libelo sentó las bases
del periodismo hasta que el
papel de la prensa pase de
la revelación de la verdad,
digámoslo así, a un simple
comercio.
En la
época de la firma de la
Declaración de Derechos, la
prensa tuvo que recurrir a
intervenciones políticas
para protegerse de los
poderes establecidos. Hoy,
el incrementado poder de la
prensa ha hecho que sea
parte de estos poderes
establecidos. Los
periodistas deciden lo
verdadero y lo falso y
raramente el público es
invitado a participar en el
debate.
El
tiempo ha pasado
Las
fuerzas de la reacción
ilógica del Sur han ganado.
Tras una apretada carrera
presidencial son los
partidarios de la fuerza
bruta quienes han abierto
las puertas de la Casa
Blanca a George W. Bush y
quienes serán los primeros
beneficiarios de su
nominación a la
«presidencia».
Una
vez en funciones, Bush se
apresuró a aplacar a sus
aliados del movimiento
neoconfederado,
especialmente a ministros
vinculados a revisionistas
de la Guerra de Secesión.
John
Ashcroft
fue nombrado ministro de
Justicia a pesar de que
parecía pensar que la
esclavitud no era tan mala.
Frecuenta a partidarios del
Sur y a neoconfederados, y
ha concedido una entrevista
al órgano semioficial del
movimiento neoconfederado
Southern
Partisan en la que ha
calificado a los enemigos
jurados de los Estados
Unidos como «patriotas» y ha
pretendido que la Guerra de
Secesión no encerraba ningún
«programa perverso».
Juleanna Wiess, vocera de
Bush, ha tratado de
recontextualizar estos
comentarios, explicando a la
agencia de noticias
Associated Press, que
Ashcroft «creía en una
interpretación exacta de la
historia». Sin embargo, una
interpretación exacta de la
historia mostraría que
calificar la Guerra de
Secesión de lucha por los
derechos de los estados
tendría más que ver con una
apología de derecha que con
la historia real. La
Confederación no era un
agrupamiento de
antifederalistas, sino de
estados esclavistas
comprometidos que habían
jurado defender la
institución.
No
sólo Ashcroft y Bush (que
estudiaron la historia en la
universidad de Yale)
ignoraban esta
interpretación exacta de la
historia, sino que a la
nominación de Ashcroft, Bush
hizo seguir la de
Gale
Norton
para el puesto de ministro
del Interior. Norton ha
repetido igualmente el
refrán de los estados
esclavistas, deplorando que
los Estados Unidos «hayan
perdido tanto» cuando la
Confederación perdió la
Guerra de Secesión y el
poder del gobierno federal
se consolidara en detrimento
de los estados esclavistas
sureños.
A raíz
de estas nominaciones Bush
procedió a la reducción de
los fondos federales
dedicados a los programas de
planificación familiar que
recomiendan el aborto en el
extranjero, afirmando que
había hecho su campaña como
«candidato contra el
aborto», y trató de cerrar
las agencias federales
encargadas de las relaciones
interraciales y de
protección contra el SIDA.
No se
sabe claramente si Bush ha
comprendido las
implicaciones de su decreto
contra el aborto. El
representante de Pensilvania,
Joe Hoeffel, declaró a la
revista electrónica
Salon
que Bush «parecía pensar que
había reducidos los fondos
para financiar los abortos
en el extranjero, cuando ya
esto era ilegal» [21].
La indignación general
contra las reducciones
presupuestarias referentes a
las relaciones interraciales
y al SIDA condujeron al
equipo Bush a dar marcha
atrás, proclamando que se
trataba de un «error».
Incluso si Bush pareció
vacilar en las primeras
semanas de su mandato, ya
hacía uso de sus habilidades
políticas.
El pastor
Jesse Jackson
Una
falsa lógica y el recurso a
la extrema derecha
condujeron a George W. Bush
a la Casa Blanca, pero hubo
algo más: la difamación. Se
vio aparecer nuevamente la
horrible «política de
denigración» cuando se supo
que el
National Enquirer
publicaría un artículo sobre
el reverendo Jesse Jackson
que había tenido un hijo
ilegítimo.
El
artículo apareció en el
aniversario del nacimiento
de Martin Luther King a sólo
unos días de la investidura
presidencial. Jackson
anunció que se retiraba de
la vida pública,
neutralizando así una de las
grandes fuerzas que actuaba
en la organización del
movimiento contra Bush.
Jackson reconsideró su
decisión, pero sólo después
que pasaron la investidura y
las protestas que generó, lo
que minimizó el potencial de
legitimidad política y
cobertura mediática de
dichas protestas. ¿Acaso una
feliz coincidencia para Bush
que luchaba por reivindicar
el mandato presidencial? No
precisamente.
El
número del diario
Chicago
Sun-Times del 16 de
febrero de 2001 reportó que
el reverendo Jackson se
creía víctima de un complot
para desacreditarlo [22]
a fin de preparar el terreno
para que Bush reivindicara
la presidencia y un mandato
político. Aparentemente Bush
había escogido una
estrategia en su manual
táctico de campaña y
encontrado un medio para
desacreditar el mensaje del
pastor negro Jackson,
desacreditando al propio
mensajero, con lo que
repetía extrañamente el
escenario de neutralización
política del que James
Hatfield, autor de la
biografía de Bush había sido
objeto.
El
Sun-Times
reportó que un periodista
independiente anónimo «había
tratado en vano de publicar
algunos artículos sobre
George W Bush en el diario
Enquirer
[y] había afirmado que el
tabloide estaba comprometido
en un complot contra Jackson» [23].
Este periodista anónimo era
Toby Rogers, que había
trabajado con el
Enquirer
pero había visto como sus
artículos sobre Bush eran
bloqueados.
Rogers
le dio pruebas materiales a
Jackson en las que
demostraba que el Enquirer
estaba mucho más deseoso de
atacarlo a él que a Bush, y
daba incluso pruebas del
pasado oscuro de la familia
Bush durante la Segunda
Guerra Mundial.
Hace
un año, lo invitamos a usted
a participar en el debate
político sobre
El Nerón del
siglo XXI, Georges W. Bush,
presidente y a decidir por
usted mismo. Hoy el debate
se ha ampliado. ¿Puede
considerarse a Bush como un
presidente legítimo o
vivimos bajo un gobierno
surgido de una maniobra
judicial? ¿La extrema
derecha surgirá de su pasado
oscuro de partidarios de la
Confederación, del Klan y de
Jim Crow y reclamará a los
Estados Unidos sólo para sí
o acaso es posible detener a
los lacayos de Bush?
¿Cuál
será la suerte del país y
del mundo si el jefe de los
Estados Unidos no se da
cuenta de las implicaciones
de sus políticas de derecha?
George W. Bush obtuvo la
presidencia mediante la
manipulación de la lucha
entre la verdad, las
mentiras y las pseudo-verdades
de la politiquería; nuestro
papel en este debate
consiste en velar porque la
verdad no vuelva a ser nunca
más sometida a tan difícil
prueba. Sea este libro un
arma en los debates y en las
batallas políticas por
venir.
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