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Posoperaismo, fin de la teoría
laboral
del valor y nueva dimensión
conflictiva de la clase
14 de maig de 2005
NÓMADAS - REVISTA CRÍTICA DE CIENCIAS
SOCIALES Y
JURÍDICAS
11-2005/1 | Universidad Complutense
de Madrid
Posoperaismo, fin de la teoría
laboral del valor y nueva dimensión
conflictiva de la clase
Apuntes y reflexiones
Pablo Iglesias Turrión
(pabloiglesias@cps.ucm.es)
Resumen: El presente
artículo aborda cuestiones relativas a algunas de las propuestas teóricas de la
"escuela" conocida como Postoperaismo italiano. El fin de la teoría
laboral del valor –que Marx desarrollara en El Capital- a partir de la
interpretación del fragmento sobre las máquinas de los Grundrisse, su
manifestación en el modo de producción postfordista y la nueva configuración de
la clase en términos antagónicos y conflictivos, serán las temáticas a abordar.
En cualquier caso, los presentes apuntes en forma de artículo no pretenden ser
sino un puñado de notas a pié de página como intento de revisión de una parte
de la bibliografía en castellano -en cualquier caso incompleta- referida al Postobrerismo
y de aportación de elementos que permitan entender la influencia de esta
corriente teórica, en determinados sectores de los movimientos globales en
Italia y Europa.
Palabras clave: Marxismo,
Postobrerismo, plusvalía, clase,
Postfordismo
Nota a propósito de estos
apuntes y de la bibliografía | 1.
Introducción | 2. Notas tras la
lectura de “El Fragmento” | 3.
Realización de la profecía
de “El fragmento” en el postfordismo |
4. La clase | Precari@s y
parad@s | Multitud | Conflicto y
liberación | Reconocimientos |
Bibliografía citada | Notas
Nota a propósito de estos
apuntes y de la bibliografía Los presentes apuntes tienen su origen en la
presentación que realizamos en el curso impartido por Diego Guerrero
"Historia del pensamiento económico heterodoxo", el 21 de mayo de
2004. En aquella ocasión, defendimos el postobrerismo como una posibilidad de
heterodoxia en el pensamiento económico, desde el rechazo de la teoría laboral
del valor, que trataba de sostenerse en el propio Marx (el Marx de "El
Fragmento sobre las máquinas" en este caso). En esta ocasión, siguiendo
los consejos de Mario Domínguez, hemos tratado de llevar a cabo las
correcciones formales necesarias para reconvertir la ponencia en artículo y hemos
intentado también retomar cuestiones que habíamos examinado con anterioridad,
como la influencia del postoperaismo en la práctica y el discurso político de
algunos sectores de los movimientos globales (particularmente en Italia) y la
actualidad de la posibilidad comunista como movimiento real de cuestionamiento.
La bibliografía de la que
nos hemos servido para la realización de esta ponencia viene indicada al final.
En cualquier caso hay 4 obras fundamentales a señalar: El cuaderno VI de los Grundrisse
[1]
, y las obras de Antonio Negri “Marx, más allá de Marx”, de Paolo Virno
“Virtuosismo y Revolución” y de Diego Guerrero “Historia del pensamiento
económico heterodoxo”. Hay en cualquier caso, a propósito del obrerismo y el postobrerismo,
algunas obras fundamentales que merecen ser reseñadas. Aparte de las revistas
"Futuro anteriore", "Luogo Comune", Derive Approdi" y
"Posse" (las dos últimas en activo) pueden consultarse de Virno, P. y
Hardt, M. Radical thought in Italy.
1. Introducción
Durante los años 60 y 70, de un
modo quizá más intenso incluso que Francia o Alemania, Italia conoce el
desarrollo de poderosos movimientos sociales revolucionarios [3] Una de las
consecuencias teóricas de este periodo, es la relectura por parte de estudiosos
vinculados a experiencias como Potere Operaio o los Quaderni rossi [4] de los Grundrisse
de Marx en clave revolucionaria, en particular “El fragmento sobre las máquinas”
al que nos referiremos con detalle. Como señala el propio Negri en la
introducción a la edición castellana de “Marx más allá de Marx” (probablemente
una de las obras más importantes de este periodo), las ideas expresadas en este
libro nacieron del movimiento revolucionario de la década de 1970 (2001; 10).
De forma similar, Virno refiere que “El Fragmento” representó un instrumento de
orientación frente a la cualidad inédita de las huelgas obreras, de algunos
comportamientos de la juventud, de la introducción de los robots en las cadenas
de montaje y de los ordenadores en las oficinas (2003 c; 77). La lectura del
“Fragmento” permitía desenmascarar la neutralidad de la ciencia, demostraba la
imposibilidad de disociar técnica y mando, cuestionaba las teorías de
relaciones humanas, permitía criticar desde nuevos planteamientos el socialismo
real, el mito del trabajo (2003 c; 79) y, en última instancia, permitía
vislumbrar la posibilidad de la liberación y el comunismo mediante la emancipación
de la fuerza de trabajo de su condición de mercancía.
La huida de la fábrica en un
contexto de reestructuraciones industriales y existencia de instituciones de
protección social en el Estado del bienestar italiano, requería construir
formas de conflicto y cuestionamiento de clase, en el tiempo de no trabajo. Esa
fue una de las tareas que emprendió
migración colectiva fuera de la
fábrica y revelando el carácter parasitario de la actividad bajo dominio
patronal (2003 c; 81). Durante los 80 y los 90, estos autores siguieron
desarrollando sus tesis sobre el fin de la ley del valor y los nuevos modos de producción
capitalista. Destacan, como señalábamos con anterioridad, publicaciones como
Futuro anteriore o Luogo Comune.
En términos generales, el
planteamiento fundamental del postobrerismo es el que sigue: Ante la ley del
valor entendida como la determinación del valor de cualquier mercancía por la cantidad
de tiempo de trabajo que lleva incorporado (Marx, 1962-Libro1º; 6), los
postobreristas entienden que, en los modos de la producción postfordista, el
saber abstracto como fuerza objetivada del conocimiento, deviene la principal
fuerza productiva, relegando el tiempo del trabajo asalariado a una posición no
central en la creación del valor. Para estos autores ello respondería a una
tendencia en el desarrollo del capitalismo que habría sido prevista por el
propio Marx en los Grundrisse como una extraordinaria anticipación teórica de
la sociedad capitalista madura (Negri, 2001; 8) en términos de autodestrucción capitalista
y liberación. Nos referiremos a continuación con más detalle mediante algunas anotaciones
y referencias directas a la inquietante reflexión marxiana de “El Fragmento”.
2. Notas tras la lectura de
“El Fragmento”.
Marx escribió los Grundrisse
entre 1857 y 1859.
anotaciones, centraremos nuestra
atención en los cuadernos 6 y7 [5]
Los Grundrisse están
considerados la última obra de juventud de Marx. Resultaría discutible, por
tanto, si pueden incorporarse al armazón teórico de la economía política
marxista. En este sentido, Virno reconoce sin más que, en los Grundrisse, nos
topamos con
un Marx, muy poco marxista (2003
a: 32), previo a la metodología de El Capital. Negri, sin embargo, afirma que
es posible reconquistar ... un nivel correcto de lectura de El Capital, únicamente
si se relee éste a partir de ese mecanismo categorial que los Grundrisse han
encerrado en el antagonismo más irresoluble (2001; 33). La polémica, que en
ningún caso pretendemos resolver, esta más que servida. Si, como señala Guerrero
citando a Martínez Marzoa, la “teoría del valor” y su desarrollo en El Capital
es la verdadera obra filosófica de Marx (1997; 61 y 211), nos encontramos
frente a un problema de interpretación de la epistemología marxista/marxiana.
Precisamente, es en la
sugerencia de este problema donde creemos que se encuentra la conveniencia y el
sentido de este trabajo. Si, como indica Guerrero, la historia de la
heterodoxia esta ligada a la teoría del valor basada en el trabajo (1997; 14) y
la base científica de este debate -ortodoxos versus heterodoxos- es ... la confrontación
entre la teoría laboral del valor... y las teorías alternativas del valor,
basadas fundamentalmente en el concepto de utilidad marginal del consumidor
(1997; 15) sugerir una hipótesis teórica contra la vigencia de la ley del
valor, a partir del propio Marx y de los estudios de una escuela radical que
reivindica el pensamiento de éste (e incluso el de Lenin [6], nos ha parecido interesante
para redactar, compartir y discutir estas notas.
¿Qué dice Marx en los
Grundrisse? Dice que el desarrollo del Capitalismo va arrinconando al tiempo
del trabajo asalariado hasta convertirlo en una parte secundaria en la forma de
organización del Capital. Y, en este punto, sugiere una vía para laemancipación
y el comunismo a partir de la contradicción entre un proceso productivo
fundamentado en la ciencia (como capital objetivado) y el sistema de medición
de la riqueza basado en la cantidad de trabajo incorporado en las mercancías. Cuando
Marx dice que en la misma medida en que el tiempo de trabajo -el mero cuanto de
trabajo- es puesto por el capital como único elemento determinante, desaparecen
el trabajo inmediato y su cantidad como principio determinante de la producción
... en la misma medida, el trabajo inmediato se ve reducido cuantitativamente a
una proporción más exigua y cualitativamente a un momento sin duda
imprescindible, pero sin duda subalterno frente al trabajo científico general
(1972: 222) esta pronosticando la perdida de centralidad productiva del tiempo
de trabajo. Y cuando, a continuación, afirma que el capital trabaja, así, a
favor de su propia disolución como forma dominante de la producción (ibídem)
esta abriendo la puerta a la liberación por un camino distinto al de El
Capital.
La objetivación del trabajo como
saber científico en la máquina, implicaría que el tiempo deja de ser un
instrumento de medida adecuado: el capital ha capturado y puesto a su servicio
todas las ciencias ... el modo determinado de trabajo ... se presenta aquí directamente
transferido del obrero al capital bajo la forma de máquina, y en virtud de esta
transposición, se desvaloriza su propia capacidad de trabajo (1972: 227).
La primera parte de la
“profecía” del Marx de los Grundrisse, el fin de la ley del valor a partir del
propio desarrollo capitalista, adquiere su dimensión más inquietante en los
siguientes párrafos del Cuaderno VII que reproducimos: El robo de tiempo de
trabajo ajeno, sobre el cual se funda la riqueza actual, aparece como una base
miserable comparado con este fundamento, recién desarrollado, creado por la
gran industria misma. Tan pronto como el trabajo en su forma inmediata ha
cesado de ser la gran fuente de la riqueza, el tiempo de trabajo deja, - nótese
el tiempo presente- y tiene que dejar, de ser su medida, y por lo tanto el valor
de cambio deja de ser la medida del valor de uso. El plustrabajo de la masa ha
dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza social, así como el
no-trabajo de unos pocos ha cesado de serlo para el desarrollo de los poderes generales
del intelecto humano (1972: 228 y 229).
La segunda parte de la
“profecía”, el fin del capitalismo y la posibilidad comunista, aparece a
continuación: Con ello se desploma la producción fundada en el valor de cambio,
y al proceso de producción material inmediato se le quita la forma de la
necesidad apremiante y el antagonismo. Desarrollo libre de las individualidades,
y por ende no reducción del tiempo de trabajo necesario con miras a poner
plustrabajo, sino en general reducción del trabajo necesario de la sociedad a
un mínimo, al cual corresponde entonces la formación artística, científica,
etc. De los individuos gracias al tiempo que se ha vuelto libre y a los medios
creados para todos -el comunismo-. El capital mismo es la contradicción en
proceso, que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo, mientras que
por otra parte pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de
riqueza... despierta a la vida todos los poderes de la ciencia y de la
naturaleza, así como de la cooperación y del intercambio sociales, para hacer
que la creación de la riqueza sea (relativamente) independiente del tiempo de
trabajo empleado en ella ... Las fuerzas productivas y las relaciones sociales
... constituyen las condiciones materiales para hacer saltar a esa base por los
aires (1972: 229).
Señalaremos, por último, las
referencias de Marx al concepto de general intellect, que resultarán cruciales
para la descripción de los modelos productivos en el postfordismo por parte de
los postobreristas. Al referirse al capital fijo, Marx señala que el desarrollo
del capital fixe revela hasta qué punto el conocimiento o knowledge social
general se ha convertido en fuerza productiva inmediata y, por lo tanto, hasta
qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo
los controles del general intellect y remodeladas conforme al mismo. Hasta qué punto
las fuerzas productivas sociales son producidas no solo en la forma del conocimiento,
sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real
(1972; 230).
Antes de entrar en la
significación que, para los postobreristas, adquieren estos planteamientos a la
hora de describir el postfordismo, señalaremos al menos dos puntos de fractura
que esta lectura del Marx de “El Fragmento” provoca respecto a las lecturas más
convencionales.
En primer lugar, si en el Marx
de El Capital el tipo de trabajo que caracteriza a la sociedad capitalista es
el trabajo asalariado, si puede afirmarse que en todas las mercancías hay
cierta cantidad de gasto de trabajo humano en general y si las únicas
propiedades comunes, cuantificables y exclusivas de todas las mercancías reproducibles
por el hombre son las de ser producto de este trabajo humano y tener un precio
[7]
(Guerrero, 1997; 63) creemos que, hasta aquí, hemos aportado material
suficiente para establecer un debate en torno a la vigencia en el tiempo de la teoría
laboral del valor (al menos en lo que respecta a la visión del propio Marx).
En segundo lugar, Marx aporta en
estas páginas una hipótesis de emancipación diferente de las habituales. A la
diagnosis del embarazo socialista del capitalismo sobre la base de la teoría
del valor-trabajo (Guerrero, 1997; 24) habrá que añadir un segundo embarazo
sobre la base del fin de la ley del valor, cuya “base miserable” habrá de
saltar por los aires (Marx, 1972; 228 y 229).
3. Realización de la
profecía de “El fragmento” en el postfordismo. Trataremos ahora de exponer los
principales planteamientos de los autores postobreristas en su descripción del
modo de producción postfordista.
La primera profecía de Marx, la
fuerza de trabajo convertida en base miserable, se habría cumplido en el
postfordismo. Estos autores definen el postfordismo como el modo de producción
del capitalismo actual basado en el general intellect. Si el fordismo
representó, en su formación a finales del siglo XIX, la modificación de las
relaciones salariales y productivas, la hegemonía de la gran firma y el
oligopolio concentrado, y la definición de los principios de la organización
científica del trabajo (inclusión del cronómetro, la cadena de montaje etc.),
el postfordismo comenzaría a tomar forma desde mediados de los años
por los social-liberales (Virno,
2003 c: 25 y 26). El modo de producción postfordista se caracterizará así por
la informatización, la automatización en las fábricas y por la hegemonía del
trabajo inmaterial y terciarizado.
La ley del valor, entonces,
habría perdido toda su vigencia en lo que respecta al trabajo asalariado. Negri
y Hardt lo expresan de manera cristalina en las páginas de Imperio: en cierto
momento del desarrollo capitalista, que Marx solo vislumbró como el futuro, los
poderes de la fuerza laboral se fortalecieron con los poderes de la ciencia, la
comunicación y el lenguaje. ... Lo que Marx vio como el futuro es nuestra época
(2002; 332). En la misma dirección Herrera y Vercellone señalan que Marx
anticipa ... ciertos aspectos claves de una coyuntura histórica en la cual el
valor productivo del trabajo intelectual y científico deviene dominante ,y el
saber se resocializa, convirtiéndose en la principal fuerza productiva
(2002; 141).
En el postfordismo, al capital
fijo se le une la producción inmaterial como producción colectiva (Marazzi
1994; 86). La productividad no se puede medir en base a la cantidad de producto
por hora trabajada, ni se puede referir a una empresa o a un sector específico,
sino a un conjunto de factores que ... trascienden al trabajador individual,
permitiéndole ser creador de riqueza en tanto miembro de una colectividad
(1994; 87). Para Virno la conexión entre saber y producción no se agota en absoluto
en el sistema de máquinas, sino que se articula en la cooperación lingüística
de hombres y mujeres (2003 b: 37).
En el general intellect, como
principal recurso de la producción postfordista, convivirían conocimiento y
conciencia, construyendo a los nuevos trabajadores (dentro y fuera del trabajo)
como complejas máquinas de producción sin que -deban- adoptar un cuerpo
mecánico ni tampoco un alma electrónica (Virno, ibídem).
Se confirmaría la previsión marxiana
de la caída tendencial del control del capital sobre la división del trabajo
(Herrera/ Vercellone, 2002; 140).
El trabajo seguirá siendo un
elemento central en la producción de riqueza, pero en su forma inmaterial (no
cuantificable a través del tiempo socialmente necesario). El espacio y el
tiempo para la creación plusvalor, se encontraría más allá del trabajo
socialmente necesario y el lugar de trabajo. El proceso de valorización tiende
a identificarse con el proceso de producción de la comunicación social ... el
concepto de trabajo inmaterial tiene como presupuesto y resultado una
ampliación de la cooperación productiva que llega a incluir la producción y la
reproducción de la comunicación y por ello de su contenido más importante: la
subjetividad (Lazzarato 2001; 38).
La comunicación como elemento
central en la producción implica una redefinición completa de las formas de
creación de valor en la nueva producción capitalista. Lazzarato propone
diferentes ejemplos. Destacaremos el de la pre-producción. Ciertamente, no es
difícil apreciar hoy en día, que la concepción e imaginación de algunas
mercancías objeto de consumo forma parte del propio proceso de producción. En
esa tarea de pre-producción abstracta, el consumidor juega un papel
determinante. Así, un teléfono móvil, un vídeo-juego, un programa de televisión
o un automóvil antes de fabricarse debe estar vendido. El consumidor participa así
de la elaboración del producto, elige en un mercado en el que la mercancía
estándar ya no vale como receta, un mercado en el que el marketing y la
publicidad aparecen como mecanismos de dominación e integración ideológica,
implicando al consumidor en la producción, robando y alienando su antagonismo
fuera del tiempo de trabajo (Lazzarato 2001; 39). La mercancía en el postfordismo
construye necesidades, ideología, moda, preferencias estéticas, no se destruye
en el acto de consumo, sino que amplia, transforma, crea el ambiente ideológico
y cultural del consumidor (2001; 40). En el postfordismo las tonalidades éticas
y emotivas se ponen al servicio de la productividad (Sánchez Cedillo, 2001:
70).
La sociedad deviene clientela en
un mundo en el que todos los instrumentos de comunicación lo son a la vez de
venta (la televisión, la radio, la prensa escrita, internet, incluso existen empresas
que ofrecen servicios telefónicos gratuitos a cambio de
introducir publicidad). El mismo
hecho de la existencia y creciente importancia de las organizaciones de
consumidores mostraría irónicamente hasta que punto es concebible un tipo de
sociedad civil en tanto que productiva al consumir. Desde el momento en que la
producción y la acumulación capitalista invade cuerpos y mentes (la
subjetividad productiva); desde el momento en que la mercancía es en sí un
instrumento de dominio ideológico, el concepto de biopoder al que se refiere Negri,
se nos muestra con toda claridad. La vida en todas sus expresiones se pone a
trabajar. En este aspecto, la definición de postfordismo que propone Sánchez
Cedillo como el lugar en el que se produce una indistinción progresiva entre la
vida y el trabajo (2001; 66) resulta del todo oportuna. La contradicción fundamental,
por lo tanto, no varía en sustancia. La definición de la clase sigue siendo
económica, sigue produciéndose en el marco de un proceso de producción de
riqueza alienante, que asalta sin embargo, en su forma actual, el conjunto de
la vida humana. El tiempo de no trabajo, deja así de ser terreno de libertad
(de ocio etc.) para convertirse en terreno de producción.
Negri y Hardt añaden los afectos
y los aspectos corpóreos como esenciales en la producción [8] En la misma
línea, Sánchez Cedillo habla de auténticos simulacros ambientales en las empresas
y en los servicios, fundados en la afectividad puesta a su vez a trabajar
(2001; 68). Para los autores de Imperio existe una faceta puramente intelectual
del trabajo inmaterial que tendría un ejemplo claro en el uso de las
tecnologías informáticas como elementos esenciales que han transformado el
mundo del trabajo en los países ricos hasta tal punto, que hoy todas las
prácticas laborales tienden al modelo de las tecnologías de la información y la
comunicación (2002; 271).
Pero, junto a esta faceta,
aparece la del trabajo afectivo de interacción y cooperación entre las personas
(se nos pone como ejemplo el trabajo en los servicios de salud o en la
industria del entretenimiento) que se presenta igualmente inmaterial, a pesar de
su certeza y efectividad físico-corpórea, en la medida en la que crea productos
intangibles (Hardt/Negri, 2002; 272). Esta matización de Hardt y Negri a
algunos de sus compañeros (2002; 42) es compartida también por Maló de Molina
cuando señala que conceptos como la feminización del trabajo y la producción biopolítica
permiten matizar ese carácter excesivamente cerebral y casi angélico de ese
tipo de discursos, en los que el lenguaje y la
comunicación aparecen como
elementos ajenos a las redes y microdispositivos de saber y poder e
independientes de cuerpos y afectos -como si las palabras y los signos no se
encarnaran en cuerpos concretos, no marcaran esos cuerpos y no tuvieran consecuencias
absolutamente materiales- (2001; 78). Ciertamente la conceptualización de esta
faceta afectiva del trabajo inmaterial bebería en gran medida de los estudios y
trabajos feministas [9]. Como afirma Maló de Molina, las características del
trabajo tradicionalmente femenino se están volviendo tendencialmente centrales
en el actual paradigma de acumulación capitalista (2001; 75).
Para estos autores, la economía
global de la postmodernidad se expresa, en buena medida, en tres tipos de
trabajo inmaterial, a saber, la producción industrial informatizada que
incorpora las T.I.C. (Tecnologías de
Negri y Hardt sugieren, sin
embargo, una posibilidad subversiva. La cooperación en el trabajo puede escapar
al control y a la disciplina del capital, precisamente porque se ejerce
mediante la comunicación y el lenguaje El trabajo inmaterial parece proveer así
el potencial para un tipo de comunismo espontáneo y elemental (2002; 273).
De cualquier manera, cabría
preguntarse si los análisis hasta este momento planteados, son aplicables al
conjunto de la clase asalariada (nos referimos siempre a los países
desarrollados) o por el contrario tendrían solo validez desde una concepción
más o menos terciarizada de la clase. La respuesta en este caso no nos parece
en exceso complicada. Bastaría con acudir a una de las lecciones de Marx. Si
efectivamente la fuerza de trabajo comprende el conjunto de capacidades físicas
y mentales del trabajador, habrá que decir que en el Postfordismo, la clase asalariada
es Intelecto general, independientemente de su mayor o menor cualificación. Con
ironía nos indica Virno: No pienso que los obreros actuales sean expertos en
temas de biología molecular o de filología clásica (2002 b; 38). Si bien, a la
vista del abundante paro entre los licenciados universitarios, no sería tan
aventurado pensar en obreros expertos en biología molecular y filología clásica,
queda claro que el elemento intelectual de la fuerza de trabajo viene referido
a las cualidades más funcionales del cerebro (comunicación, memoria, capacidad
de retención...) [10] La clave de la intelectualidad de masas se encuentra, en
gran medida, en el plano de la socialización, que en cuanto productiva, se
expresa y desarrolla en el conjunto de aspectos vitales y sociales. Por lo tanto,
no hablamos solamente de su dimensión estrictamente política, pues la
centralidad productiva de la clase/multitud en el capitalismo actual atraviesa
la cultura, la política y la reproducción en una dimensión biosocial.
Para los postobreristas la
composición del proletariado (sujetos objeto de la explotación y dominación
capitalistas) ha sufrido transformaciones determinantes. Ese proletariado como
categoría económica y política, identificado históricamente con la clase obrera
industrial (el paradigmático obrero fabril masculino al que se refieren los
autores de Imperio) como sujeto hegemónico de la lucha de clases, habría
cambiado.
La segunda de las profecías del
“Fragmento”, la autodestrucción del capitalismo y la liberación, estaría, sin
embargo, lejos de llevarse a la práctica. Paradójicamente, para estos autores,
Marx habría acertado en su pronóstico sobre la tendencia en el desarrollo
capitalista, pero no en sus resultados. Cuando Virno entiende el Fragmento como
el último capítulo de una historia natural de la sociedad (2003 c: 80) suenan
en nuestros oídos las palabras de Engels frente a la tumba de Marx: Así como
Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió
la ley del desarrollo de la historia humana (1984; 451).
Para el caso que nos ocupa, el
resultado de la realización empírica del “Fragmento” en el postfordismo, no ha
conllevado la liberación.
Virno describe, sin embargo, una
reacción, una contrarrevolución capitalista frente a la posibilidad comunista
implícita en el desarrollo del capital. Si la réplica capitalista a la
revolución de octubre fue un “socialismo del capital”, en términos del final
del laissez-faire y en forma, bien de New Deal keynesiana, bien de nacionalismo
económico del III Reich, la metamorfosis de los sistemas sociales en los años
80 y 90 sería una reacción en forma de “comunismo del capital” (Virno, 2003 c;
27 y 28). Reproducimos un párrafo particularmente revelador: ...la iniciativa
capitalista orquesta en su propio beneficio precisamente aquellas condiciones
materiales y culturales que le aseguraban un tranquilo realismo a la
perspectiva comunista. Si pensamos en los objetivos que constituían el eje de
aquella perspectiva: abolición de ese escándalo intolerable que es el trabajo
asalariado; extinción del Estado en tanto industria de la coerción y “monopolio
de las decisiones políticas”; valorización de todo aquello que torna irrepetible
la vida del individuo. Pues bien, en el curso de los últimos veinte años se ha
puesto en escena una interpretación
capciosa y terrible de estos
mismos objetivos. En primer lugar: la irreversible contracción del tiempo de
trabajo socialmente necesario ha sucedido con el aumento del horario para los
que están “adentro” y la marginación para los que están “afuera”. Incluso cuando
se está ante un ajuste extraordinario, el conjunto de los trabajadores
dependientes es presentado como “sobrepoblación” o “ejército industrial de
reserva”. En segundo lugar, la crisis radical o hasta la disgregación de los
estados nacionales se explica como reproducción miniaturizada, a modo de caja
china, de la forma-Estado. En tercer lugar, a continuación
de la caída de un “equivalente
universal” capaz de tener vigencia efectiva, asistimos a un culto fetichista de
las diferencias: solo que estas últimas, reivindicando un subrepticio
fundamento sustancial, derivan luego en toda clase de jerarquías vejatorias y discriminantes...El
postfordismo, basado en el general intellect y la multitud, declina a su modo
instancias típicas del Comunismo (abolición del trabajo, disolución del Estado
etc.). El postfordismo es el comunismo del capital (Virno, 2003 a: 41).
4. La clase
Precari@s y parad@s
El periodo histórico de
hegemonía de la clase obrera fondista coincide con los grandes proyectos del
socialismo reformista y el auge de los sindicatos de masas en un contexto en el
que comienzan a desarrollarse los llamados Estados del bienestar. En contraste,
como señala Enrique Olivas, lo que conocemos en nuestros días es la
desestructuración de esa agregación histórica, social e institucional
denominada Estado social y, culturalmente, percibida como Estado del bienestar
(2004; 16).
La crisis de la sociedad
del trabajo se manifiesta en la redefinición completa del mercado laboral en
Europa. El empleo fijo, estable y con derechos esta siendo sustituido por el
flexible y precarizado (Lara, 2002; 4). Como ya señalamos en otro lugar este
escenario de ausencia de derechos e incertidumbre es más agresivo, si cabe, para
los jóvenes, las mujeres, la fuerza de trabajo migrante, etc. (Iglesias, 2003;
5).
Esta crisis se manifiesta
fundamentalmente en el hecho de que la riqueza social está producida por la
ciencia, por el general Intellect, antes que por el trabajo erogado por el
individuo (Virno, 2003 b; 33). Si los saberes y conocimientos se sitúan por
tanto en el centro de la producción de riqueza antes que en el tiempo de trabajo
y este último sigue siendo la unidad de medida de la producción riqueza, nos
hallamos ante una contradicción formidable. En este "Comunismo del capital"
del que habla Virno, el tiempo excedente que se expresa en forma de
precariedad, paro estructural, flexibilidad extrema y mecanismos
disciplinarios, no es sino riqueza potencial. La clave de esta contradicción
explota en el hecho de que, en el Postfordismo, el trabajo y el no-trabajo se identifican
en la producción de riqueza, desde el momento en que el tiempo pasa a un
segundo plano, siendo los conocimientos, las facultades mentales genéricas y
elementos inmateriales (afectos etc.), los fundamentos de la producción.
Llevando este análisis hasta su último extremo, Virno afirma que la
desocupación es trabajo no remunerado; el trabajo, por su parte, es
desocupación remunerada (2003 b; 34).
En los modos de producción
presentes, el conjunto de experiencias, conocimientos y socialización,
acumulados y adquiridos fuera del propio trabajo, tienen un carácter determinante
y esencial para la propia actividad laboral. Nos encontramos así con un vasto
mosaico de actividades productivas no retribuidas. Los ejemplos más obvios los
podemos encontrar en la actividad de los estudiantes y en las tareas del hogar.
Esto nos lleva a plantear también el problema de la plusvalía. Virno se refiere
a los capítulos XII y XIII de el segundo libro de El Capital en los que Marx
distingue entre tiempo de trabajo y tiempo de producción. Usando el ejemplo de
la agricultura, donde el trabajo - siembra y cosecha - constituye solo una
pequeña parte del conjunto de la producción, el autor italiano explica cómo en
el postfordismo el tiempo de producción contiene la vida retribuida y la no
retribuida (2003 b; 36). De ello habrá que deducir que en el modo de producción
postfordista la plusvalía no solo proviene del plustrabajo sino también de la
separación del trabajo respecto al tiempo de producción no computado (ibídem),
a saber, el notrabajo.
Solo estudiando estos
análisis sobre los modos de producción en el postfordismo podremos comprender
algunas de las reivindicaciones fundamentales de algunos movimientos sociales en
Italia y en Europa, tales como el reddito di cittadinanza (renta de ciudadanía)
y la apuesta por un sujeto fragmentado como el precariado (los chainworkers)
como clave de la construcción de conflictos en una dimensión antagónica de la
clase [11] Precisamente a propósito de la renta, Negri y Hardt
proponen en Imperio un salario social capaz de romper la división sexual del trabajo
del salario familiar, percibido por el obrero varón que asume el dominio y el
control de la familia, lo que implicaría una falsación de la actividad productiva.
Para estos autores toda la multitud produce y su producción es necesaria desde
el punto de vista del capital social total ... La fuerza laboral se ha vuelto
cada vez más colectiva y social...Ya ni siquiera es posible apoyar el antiguo
lema: igual paga por igual trabajo, cuando el trabajo ya no puede medirse ni
individualizarse...Una vez que la ciudadanía se extienda a todos, podríamos
llamar a este ingreso garantizado un ingreso de ciudadanía que se le debe a
todo miembro de la sociedad (2002; 365).
· Multitud
Tres son los sentidos que
da Antonio Negri al concepto de multitud: desde una perspectiva filosófica,
como concepto de clase y desde el aspecto ontológico (2003; 23 y 24).
Nos interesa
particularmente el segundo. La multitud como sujeto de la lucha de clases, como
sujeto central en la producción, no se concreta en una unidad equivalente al
proletariado industrial sino en el conjunto de fuerzas productivas/creativas
que se expresan/
producen en el postfordismo.
El problema que se plantean
los autores de Imperio es la subjetivación de la multitud, su papel para la
clase activándose como sujeto político, el posse [12]. Para estos
autores, la teleología de la multitud es teúrgica; consiste en la posibilidad
de dirigir las tecnologías y la producción hacia el propio júbilo y el aumento
del propio poder (2002; 359).
Virno, por su parte, pone
el acento en las transformaciones del trabajo asalariado. Para este autor, la
clase obrera/proletariado no se identifica ya con el concepto de pueblo. El
concepto de pueblo habría devenido categoría instrumental en la falsación de la
representación política y la soberanía. La clase obrera/proletariado es ante
todo, en el postfordismo, multitud, en la medida en que el trabajo asalariado
ha perdido, como hemos venido explicando, la centralidad productiva (Virno,
Para Negri y Hardt también
se desdibuja la figura del pueblo (2002; 372) covertida en mera reducción
hipostática de la multitud (Negri, 2003; 23).
Sin embargo, creemos que el
concepto de clase obrera merece un intento de esclarecimiento a partir de una
aparente controversia entre los archicitados Negri y Virno, a propósito de la
categoría multitud. Vamos a tratar de entrar brevemente en este punto.
Una de las temáticas
teóricas fundamentales que se aborda en el número 7 de la revista Contrapoder -
que nos trae a la lengua castellana algunos artículos de los postobreristas
italianos -, es el concepto de multitud. Particularmente desarrollado por Virno
en
esta publicación, se ha
incluido, sin embargo, una brevísima anotación de Negri en la que, entre otros
aspectos que a continuación abordaremos, se señala que ... la lucha de la clase
obrera no existe ya, pero la
multitud se propone como sujeto de la lucha (Negri, 2003; 24). Aparentemente,
esta afirmación desencadenaría un conflicto teórico con Virno, que señala: Me gustaría
disipar, tanto como pueda, una ilusión óptica: se nos dice: la multitud marca
el fin de la clase obrera. Se nos dice: en el universo de los múltiples, no hay
lugar para esos monos de trabajo todos iguales ... Aquellos que dicen esto se
equivocan (
Creemos que la redacción de
Contrapoder actúa aquí con intención, poniendo en dificultades a los lectores a
la hora de trabajar con el concepto de multitud. Por ello nos vamos a aventurar,
tal vez imprudentemente, a tratar la cuestión.
A nuestro juicio la
controversia se halla más en el significante que en el significado. Para Negri,
el concepto clase obrera se refiere a lo que identifica como segunda fase de la
militancia obrera capitalista, a saber, los periodos fordista y taylorista, la
fase del obrero masa (Hardt/Negri 2002; 370). Nótese que para hablar de las
tres fases, los autores de Imperio hablan de militancia obrera, incluyendo la
fase actual del trabajador social, de la fuerza de trabajo inmaterial (2002;
371). Para Negri, la categoría proletariado incluye a ... todos aquellos
explotados por la dominación capitalista y sujetos a ella ... entendiendo que
la clase obrera industrial, como parte de ese proletariado, ya no ocupa una posición
central ni en el Capitalismo ni en la composición de la clase (2002; 64). Este
concepto para nada difiere a nuestro juicio con aquello que Virno llama clase
obrera: ... el sujeto que produce plusvalor absoluto y plusvalor relativo (
· Conflicto y liberación
Si la hegemonía en la
producción de plusvalor no corresponde ya al obrero fordista (los monos azules
de la cadena de montaje), la nueva teoría del valor habrá de implicar una nueva
teoría política de la liberación y de las nuevas subjetividades de potencial antisistémico/revolucionario
(Hardt/Negri, 2002; 43).
Algunos autores de la
izquierda autónoma no italiana, sin embargo, se han mostrado escépticos ante
tales hipótesis de liberación aún reconociendo la centralidad del trabajo
inmaterial.
Emmanuel Rodríguez [14] nos propone la
inversión de la hipótesis (2001; 8). De este modo, la subjetividad postfordista
bien podría ser la subjetividad definitivamente alienada que se integra y
acepta un juego de relaciones en la empresa, sin que demuestre ninguna
autonomía en la negociación de las mismas entendiendo las facultades humanas
como inofensivas para la economía (ibídem). Se asume el carácter paradigmático
del lenguaje y la comunicación en la organización de la producción, pero se le
atribuye un papel de reforzamiento de la ideología/ cultura empresarial,
produciéndose una interiorización absoluta del control por parte de los sujetos
proletarios (2001; 9). En este sentido, se nos sugiere que la supuesta
liberación en y del trabajo se inicia curiosamente tras la derrota definitiva
del movimiento obrero; se nos dice que el modo de producción postfordista no
representaría la generalidad de
las condiciones laborales, quedando fuera el precariado; y se nos propone, por
último, un camino de liberación extraño: Puesto que el capitalismo jamás ha generado
la posibilidad de su superación, esta posibilidad tiene que ser descubierta,
siendo la clave de la emancipación del trabajo, la apuesta por liberar
definitivamente ... tiempo y espacio de los hábitos del trabajo y de la
reproducción cultural del consumo ... -creando- nuevas posibilidades de vida al
margen de lo consentido (Rodríguez, 2001; 10 y ss).
Desde el momento en que la
crítica a los postobreristas se plantea desde el reconocimiento de la
centralidad del trabajo inmaterial como elemento definidor del postfordismo, se
nos abre un magnífico punto de partida para una discusión interesante.
En este sentido, varios
elementos creemos que hacen caer la argumentación anterior.
En primer lugar, más que de
una derrota del movimiento obrero en Europa y sus corolarios (Partidos de
izquierda, sindicatos y el compromiso a través del welfare state) creemos que
resulta más propio hablar de la decadencia histórica y política de la experiencia
(incluida aquella del Estado del bienestar). La derrota suele llevar aparejado
un enfrentamiento previo (evitado en numerosas ocasiones, particularmente en el
68 en Europa occidental, por parte de las organizaciones obreras más poderosas)
y la aniquilación más o menos completa del derrotado. En nuestro caso, los
viejos partidos de masas se reconvirtieron en partidos catch all y son gestores
habituales de gobiernos - incluidos algunos partidos de tradición e ideario
comunista- y los viejos sindicatos de clase, representan importantes
maquinarias burocráticas que, independientemente de su compromiso con los sistemas
demoliberales y el desmantelamiento de buena parte de las garantías sociales,
tienen todavía considerables niveles de representación del trabajo dependiente
y de movilización social en caso de perder capacidad negociadora o ante medidas
gubernamentales o empresariales que consideren excesivas.
Habrá de reconocerse que, a
pesar de la perdida de combatividad progresiva de los grandes sindicatos, el
fenómeno de la huelga - incluso general- ha seguido y sigue presente en buena
parte de Europa.
Si bien el muro de Berlín
cayó sobre los hombros de buena parte de las ilusiones comunistas, la
contrarrevolución de la que nos habla Virno, había empezado mucho antes. Como
ha indicado Marco Revelli, nos encontramos ante un tránsito epocal (2001; 90)
que afecta tanto a la organización del capital, como, necesariamente, a su
expresión antagónica. Por lo tanto, habrá que excluir la posibilidad de
entender la potencialidad antisistémica de los nuevos sujetos de clase, como
una búsqueda desesperada de referentes de liberación entre las ruinas de un naufragio.
En segundo lugar, si
asumiéramos que el Capitalismo nunca hubiera engendrado la posibilidad de
superación (Rodríguez, 2001; 11), mal habríamos entendido la tesis de la autocontradicción
liquidadora del capitalismo gracias precisamente a la formulación de la teoría
laboral del valor (Guerrero, 1997; 24). En estas notas, hemos sugerido además
una segunda hipótesis de embarazo socialista en el Capitalismo a partir del
Marx de “El Fragmento”. Debemos entender que será un territorio común (al menos
para aquellos que asumen determinados planteamientos de aproximación a la
historia y a las ciencias sociales en general) que la contradicción entre
capital y trabajo (capital / vida humana en el postobrerismo) sigue representando,
a falta de nuevas noticias, la contradicción fundamental de la acumulación
capitalista. Si algo han dicho los postobreristas (y nosotros hemos tratado de
exponerlo en estas notas), es que no tiene sentido ya distinguir entre trabajo remunerado
y no remunerado, desde el momento en que la propia socialización resulta
productiva para el capital. La vida humana sometida al mando y al control
capitalista sigue siendo la clave de la acumulación y ello no solo habrá de
echar por tierra las teorías del fin del trabajo merced a la mecanización, sino
que habrá de implicar, necesariamente, el conflicto, una vez más de clase, y,
por tanto, la posibilidad de liberación. Como señala Lazzarato refiriéndose a
la producción inmaterial, la sumisión a la lógica capitalista de la forma de la
cooperación y del valor de uso de esa actividad, no suprime la autonomía y la
independencia de su constitución y su sentido. Por el contrario, abre
antagonismos y contradicciones aunque estos requieran nuevas categorías de
estudio (2001; 41).
Por último, la propuesta de
construcción de nuevos espacios de vida liberados del dominio capitalista cae,
a nuestro juicio, en un escapismo estéril, desde el momento en que no se define
el terreno de combate. Puesto que la huida a Marte con una flecha circulada por
bandera no parece probable, será necesario señalar los territorios de lucha y
de subjetivación. En este sentido, la contraposición que explica Revelli entre
fábrica dualista taylorista y fábrica integrada, nos da muchas de las claves.
Si la fábrica taylorista definía en su propia organización el conflicto de
clase, una contradicción estructural entre los principales sujetos productivos
que explicaría su carácter feroz, despótico y agresivo como estructura dualista
(2001 b; 91), la fabrica integrada presupone filosóficamente, la idea de una
estructura productiva monista ... de una comunidad de fábrica unificada y
homologada en la que el trabajador debe consciente y voluntariamente liberar la
propia inteligencia en el proceso productivo ... Se trata de subsumir al
capital en la dimensión existencial de la misma fuerza de trabajo ... -de- ejercer
la hegemonía sobre el antiguo adversario de clase ... (2001 b; 91 y 92).
Revelli esta adelantando un escenario que ha servido para definir nuevas
alianzas, un terreno intermedio: en el umbral entre producción y reproducción
... inventando circuitos de agregación no mediados por la formamercancía y, al
mismo tiempo, localizados allí donde el trabajo hegemónico opera (2001 b; 94). Sobre
este terreno ha de construirse la alianza entre la fuerza de trabajo migrante,
los sectores más resentidos del trabajo dependiente, el precariado y el
conjunto de los nuevos chainworkers [15]. que se han colocado en el centro de las reivindicaciones
de los nuevos movimientos antisistémicos
visibles tras Seattle. Como dice
Revelli no hemos llegado al fin de la historia, estamos apenas en su comienzo (
Sin embargo, nos da la impresión
de que, en más de una ocasión, los discursos sobre el trabajo en España han
negado aquello con lo que se daban de bruces. No podemos detenernos demasiado
en la cuestión pero no queremos obviar un ejemplo puesto en bandeja (creemos
que con toda la intención) por parte de la redacción de la revista Contrapoder.
En su monográfico sobre trabajo y feminismo (número 4/5) se incluye una
ponencia del Centro de Análisis y Estudios Sociales (CAES) en la que se afirma
la escisión del¿ trabajo manual y el intelectual (CAES 2001; 29), la
subordinación técnica del trabajo al sistema de máquinas (2001; 30) y el fundamento
del valor en el trabajo asalariado (2001; 32) para reconocer seguidamente que
el plusvalor no brota del trabajo, sino del proceso de producción social, (sic)
que no se es productivo por trabajar, sino por formar parte de una extensa y
compleja trama de relaciones sociales bajo el dominio del capital y que es productiva
la persona que ve la televisión ... el ama de casa ... o los millares de
jóvenes toxicómanos concluyendo que todos los intersticios sociales, materiales
y culturales, incluida la subjetividad de las personas, coadyudan a la nada
democrática producción de plusvalor (2001; 31 y 32). La confusión mental queda
coronada tres líneas después cuando se nos dice que, el hecho de que el capital
haya subsumido en su ciclo el trabajo, las relaciones sociales, la vida ... y
la subjetividad de las personas, no quiere decir que todos estos factores sean
el origen del valor... puesto que no se pueden cuantificar en términos
monetarios, no se le puede poner precio (2001; 32). Volvemos a sugerir el mismo
problema a propósito de los precios como características de las mercancías.
Marx, en su informe a
Concluiremos este artículo señalando que, si
como explican los postobreristas, la contradicción fundamental sigue siendo
aquella entre capital y actividad/vida humana - en un momento en que la distinción
entre la productividad del trabajo asalariado y las actividades no retribuidas
se disipa, hasta el punto de hacerse invisible- deberemos asumir la plena
vigencia de la contradicción fundamental de clase, que habrá de expresar,
necesariamente, un conflicto entre sujetos antagónicos.
RECONOCIMIENTOS
Este artículo no hubiera
sido posible sin los consejos y críticas de
Mario Domínguez, las
charlas con Enrique Olivas y Heriberto
Cairo, las discusiones con
Javier Iglesias -mi padre- que además
me proporciono el Marx oltre
Marx de Negri, el curso sobre
historia del pensamiento
económico heterodoxo impartido por
Diego Guerreo y las
infinitas pláticas con compañeros y
compañeras del GMS, Ya basta
Italia, AM y de
políticas y sociología de
ayuda y les eximo de cualquier
responsabilidad en las torpezas que
este trabajo pueda contener.
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nº4/5, pags.
[1] Hemos utilizado
la edición de Siglo XXI, algo que nos ha supuesto
alguna que otra dificultad a la
hora de localizar las citas de Negri, al
estar referidas estas, en la
edición castellana de Akal de la obra de Negri
“Marx más allá de Marx”, a
la edición de Manuel Sacristán “Obras de
Marx y Engels” (OME). En lo que
respecta a las diferentes traducciones,
quiero resaltar los comentarios
de Diego Guerreo que me alertó de las
confusiones a las que, a su
juicio, las diferentes versiones traducidas
podrían llevar. Para el caso
concreto de “El fragmento”, y vistas las
propiedades proféticas que le
atribuyen los postobreristas, entendía
Guerrero que el significado
puede variar según se conjuguen los verbos
en presente, en futuro o en
subjuntivo
[2]
http://usuarios.lycos.es/pete_baumann/autonomial.html
[3] Los 5.000
prisioneros políticos encarcelados en Italia a principios de
los años 80 (Zaccaria, 2001; 96)
creemos que representan un buen
indicador de la dimensión que
adquirieron estos movimientos.
[4] Véase la introducción
de Raúl Sánchez Cedillo en Virno, Paolo.
Virtuosismo y revolución.
Colección “Mapas”. Traficantes de sueños.
Madrid 2003.
[5] En ellos, para
Negri, Marx se ocupa de dos cuestiones cruciales; el
antagonismo obrero-capitalista y
la crisis de la ley del valor (2001: 17).
[6] Pueden
consultarse en este sentido de A. Negri La fábrica de la
estrategia. 33 lecciones sobre
Lenin. Akal, cuestiones de antagonismo.
Madrid 2004 y Che farne del
che fare? ovvero: il corpo del general
intellect.
Posse, maggio 2002. pag.
[7] Referimos aquí
una duda a propósito del precio como propiedad
común, exclusiva y cuantificable
de las mercancías. Si como señala
Marx en su informe al
Consejo General de
1865, el precio no es sino una
forma peculiar del valor ... de por sí el
precio no es otra cosa que la
expresión en dinero del valor (1984; 208),
no entendemos por qué el precio
habrá de ser la característica
definitoria de la mercancía.
Habría de ser en todo caso, su valor.
[8] Estos autores
plantean una crítica a algunos de los neomarxistas
http://www.espacioalternativo.org/espai/spip/imprimersan...rn&url_site=http://www.espacioalternativo.org/espai/spip
(24 de 26)21/05/2005 13:49:20
Posoperaismo, fin de la teoría
laboral del valor y nueva dimensión conflictiva de la clase
italianos que han investigado
sobre la producción postfordista
señalando que uno de los errores
más graves de estos autores fue la
tendencia a tratar las nuevas
prácticas laborales de la sociedad
biopolítica atendiendo solamente
a sus aspectos intelectuales e
incorpóreos
(Hardt/Negri, 2002; 43). Véase de Christian Marazzi Il
posto dei calzini: la svolta
linguistica dell’economia e i suoi effetti nella
politica, Bellinzona, Edizioni
Casagrande.
[9] Reproducimos la referencia
que dan Hardt y Negri en la edición en
castellano de Imperio. Smith, Dorothy, The everyday world as
problematic: A feminist sociology,
Press, 1987 pags.
[10] Los
planteamientos que sitúan la precariedad fuera del modo de
producción postfordista (véase
Rodríguez 2001; 9 y 10) entendemos que
han de quedar así rebatidos.
[11] De entre los
ejemplos prácticos destaca la propuesta de
generalización de la huelga
general en Italia del 23 de Marzo de 2002 de
los Desobedientes (Casarini,
2002: 63), las experiencias del May day de
Barcelona y Milán en 2004
(http://www.euromayday.org/netparade/) o
los puntos San Precario
(http://www.sanprecario.org/).
[12] Negri y Hardt
usan el vocablo latino posse para referirse a la
autonomía política y a la
actividad productiva de la clase / multitud
(Hardt/Negri, 2002; 369).
Ontología y producción se contienen en el
posse para acercarnos a la
comprensión de las potencialidades
militantes de la clase/multitud
como sujeto político.
[13] De nuevo acude
Virno a Marx para ilustrar cómo este autor
percibió situaciones en las que
la clase obrera se acercaría más al
concepto de multitud que al de
pueblo. El autor italiano refiere el último
capítulo del primer libro de El
capital donde Marx habla de la movilidad
de la clase obrera en Estados
Unidos refiriéndose al caso de los obreros
que abandonan la fábrica y se
convierten en colonos en las tierras libres
del oeste. Para estos obreros el
trabajo representaría solo un episodio
transitorio (Virno,
[14] Habría que
hablar, en cualquier caso, de un primer E. Rodríguez.
En su reciente libro El
gobierno imposible, su posición se encuentra
claramente alineada con los
postobreristas
[15] Véase
www.chainworkers.org , sitio web de un movimiento italiano
contra la precariedad con
numerosos materiales de interés
[16] Ya indicábamos
al inicio de este trabajo que nuestra primera
aproximación a estas teorías, la
llevamos a cabo con la intención de
http://www.espacioalternativo.org/espai/spip/imprimersan...rn&url_site=http://www.espacioalternativo.org/espai/spip
(25 de 26)21/05/2005 13:49:20
Posoperaismo, fin de la teoría
laboral del valor y nueva dimensión conflictiva de la clase
armar un marco teórico para la
comprensión de los análisis y discursos
del Movimiento de los
Desobedientes en Italia.