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EL DESCUBRIDOR DE TUTANKHAMÓN - Anécdotas
Históricas |
Howard
Carter nació el 9 de mayo de 1874 en Londres, era
hijo de un dibujante y pintor de animales, de quien heredó
su habilidad artística, la misma que le llevó en 1891, con
tan sólo 17 años, a Egipto. En 1899, el egiptólogo francés
Gaston Maspéro, jefe del Servicio de Antigüedades Egipcias,
le nombraría inspector general de monumentos del Alto
Egipto. Pero su difícil caracter le jugó una mala pasada y,
tras un incidente lamentable con unos turistas, dimitió de
su cargo y tuvo que ganarse la vida haciendo dibujos y
acuarelas. En este difícil momento conoció a Lord Carnavon,
bajo cuyo patrocinio acometió diversos trabajos
arqueológicos. Pero la I Guerra Mundial paralizó todas las
actividades arqueológicas hasta finales de 1916. cuando
Carter volvió al Valle de los Reyes. A partir de este
momento sólo tuvo un objetivo, la búsqueda de la tumba de
Tutankhamón, a la que se consagró los siguientes seis años
de su vida, hasta que en 1922 empezaron los trabajos que
dieron lugar a uno de los descubrimientos míticos de la
egiptología.
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ANECDOTAS - EL DESCUBRIDOR DEL MACHU
PICCHU |
Contaba la expedición con un gran equipo técnico (un
geógrafo, un topógrafo, un naturalista, un ingeniero y su
ayudante y’ un médico). En Cuzco contrató guias, porteadores
y 14 mulas. El destino de la expedición era el valle de
Vilcabamba, pero en lugar de seguir el camino tradicional,
que bordeaba las sierras y retomaba el curso del río
Urubamba 40 km más abajo para evitar los pavorosos rápidos
del río —lo cual ocultaba el camino de Machu Picchu-
Bingham eligió una nueva ruta abierta en 1895 por ingenieros
peruanos, que volaron numerosos obstáculos rocosos. Bingham
salió de Cuzco en julio de 1911 y, sin gran dificultad, la
expedición pronto se adentró en el cañón del río Urubamba.
Allí Bingham conoció, por el mestizo Melchor de Arteaga, la
existencia de importantes ruinas incaicas. Al día siguiente,
e! 24 de julio, tras cruzar el río y escalar una altísima
pared cubierta de enmarañada vegetación, contemplaron un
panorama majestuoso: un gran anfiteatro de andenes
escalonados y las ruinas de centenares de edificios y
escalinatas, construidos con bloques de granito finamente
tallados y provistos de ventanas y puertas trapezoidales
armoniosamente dispuestas. La ciudad se hallaba a resguardo
de dos altos picachos, el Machu Picchu (Pico Viejo)
y el Huayna Picchu (Pico Joven). A lo lejos
se alzaba el gran macizo de Vilcabamba, con sus altas
cumbres eternamente cubiertas de nieve. La selva tropical
amazónica extendía un tapiz de increíble verdor sobre todo
lo que alcanzaba la vista.
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