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INSTRUMENTOS DE TORTURAS:
Instrumentos de tortura y muerte. Edad Media, Electricidad,
Drogas, Animales, Agua
INTRODUCCION
Se dice que la Edad Media fue la edad de oro de los torturadores
y de la imaginación puesta al servicio de los mismos,
desbordándose y agudizándose al máximo, inventando los mejores y
más prácticos medios de tortura. Si bien existe un atisbo de
realidad en esta idea sobre la tortura, podemos desmitificar a
los inquisidores como los mayores torturadores de todos los
tiempos, puesto que otros, en etapas posteriores, han sido mucho
más eficaces y han aplicado la tecnología punta de su época para
crear instrumentos de terror y de aniquilación masiva. No nos
llevemos a engaño, ya que la tortura, desde que el mundo es
mundo, existe y desafortunadamente sigue existiendo, solo que
hay que quitarse la venda, abrir los ojos y mirar a nuestro
alrededor.
El uso de los medios de tortura se ha ido aboliendo poco a poco
en todos los países durante los siglos XVIII y XIX, siendo
condenado por la Declaración de los Derechos Humanos de 1948.
Desgraciadamente, aún persisten en muchos países, aunque en sus
Constituciones se prohíban expresamente.
Los métodos más recientes de tortura y muerte, como son la
electricidad; los productos químicos, drogas, y fármacos; la
presión psicológica... evitan las marcas en el cuerpo, pero no
la destrucción del ser humano torturado. Existen diversas
organizaciones, tales como Amnistía Internacional o la A.C.A.T.
(Acción de los Cristianos para la Abolición de la Tortura), que
luchan contra la tortura denunciando a los países que la
practican. En España, la Constitución de 1978 declara
expresamente en su artículo 15 "que nadie puede ser sometido a
tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes". También el
Código Penal español, en virtud de la reforma de 1988, establece
un aumento en las penas por delitos de esta índole y amplía los
supuestos de tortura incluyendo los insultos, amenazas y
coacciones, que forman parte de lo que se ha denominado tortura
psicológica. Desgraciadamente, aún queda mucho camino por andar
en nuestro país y en el resto de países occidentales, ya que los
malos tratos domésticos, por ejemplo, siguen siendo un continuo
en nuestras sociedades.
En muchas ocasiones, los torturadores utilizaban animales para
ayudarles en sus torturas, este el casó del método de la cabra,
que no faltaba en ninguna de las mazmorras de los castillos
medievales europeos. Se ponían las piernas de la víctima en un
cepo, para que le fuera imposible el movimiento, y a
continuación se le untaba los pies con grasa o sal. La cabra
comenzaba a lamer con fuerza y con la aspereza de su lengua
levantaba la piel de los pies de la víctima, provocando un
terrible dolor.
En la antigua China ya se tenía constancia del tormento de la
rata, aunque fue en el occidente medieval donde se consagró. En
esta tortura, se colocaba sobre el abdomen de la víctima una
jaula abierta por su base. En el interior se encontraba la rata
que venía a ser molestada por los torturadores, con fuego
principalmente. El animal despavorido buscaba la manera que
fuera para escapar y terminaba por excavar un túnel en las
entrañas de la víctima.
Los elementos naturales, también se han utilizado para torturar
en distintos tiempos de la humanidad. El gota a gota, era un
método de tortura basado en el agua, fue muy utilizado durante
la Edad Media, y se usaba fundamentalmente para arrancar la
confesión o información a la víctima. Era una tortura larga, en
la que el torturador no tenía prisa ninguna y lo único que tenía
que hacer, era esperar a que la víctima se viniera abajo.
Consistía en amarrar al reo a un poste o a la pared, atarlo
fuertemente de pies, manos, cuello y frente; colocándose la
cabeza debajo de un caño o grifo que dejaba derramar una gota a
un ritmo continuado. Esto provocaba un estado de locura además
de terminar erosionando el hueso del cráneo hasta producir la
muerte.
Instrumentos de tortura y muerte:
Agua, Inquisición española, Toalla, El toro de Fálaris y La cuna
de Judas
El método del agua, en el que a la víctima se le obligaba a
ingerir la mayor cantidad de agua posible, ayudándose el
torturador, de un embudo que se le coloca en la boca. En estas
sesiones se les hacía tragar aproximadamente unos diez litros,
provocando un terrible sensación de ahogo, produciéndose en la
mayoría de las ocasiones la explosión del estómago.
El método de la toca fue muy utilizado por la Inquisición
española de los siglos XV y XVI. Su nombre procede de uno de los
elemento necesario para esta tortura, la toca, que era una tela
blanca de lino o seda con la que se hacían en aquella época las
tocas o pañuelos que cubrían la cabeza de las mujeres. Esta
toca, se introducía en la boca de la víctima, intentado que
incluso llegara hasta la tráquea, y posteriormente se vertía
agua sobre la toca, que al empaparse, provocaba en el reo una
sensación de ahogo e innumerables arcadas.
La toalla mojada es un método moderno de tortura, basado en
otros más antiguos como el método de la toca, y consiste en
colocar una toalla sobre la boca y la nariz de la víctima,
después se vierte agua sobre la toalla provocándole la asfixia
momentánea. La sensación de ahogo es terrible; pero si se hacía
bien, era un método que no dejaba marcas, por lo que el reo, no
podía en ningún momento demostrar que había sido torturado. A
partir del siglo XX, este método ha sido usado por los ejércitos
y por ciertos cuerpos de policía secreta y paramilitar, que se
han dedicado a reprimir tendencias políticas contrarias al
régimen establecido en aquellos países. Como ejemplo, podemos
decir que ha sido un método muy extendido entre las dictaduras
sudamericanas, aparentando de este modo normalidad en sus
actuaciones.
Fálaris (siglo VI a. de C.) fue Tirano de Agrigento durante el
570 a. de C. y 555 a. de C. Ascendió al poder con el apoyo
popular, gobernando sanguinariamente. Extendió los dominios de
Agrigento y combatió en Himera a los cartaginenses. Tan macabro
personaje ideó un método de eliminación de opositores a su
tiranía, que más tarde fue adoptado por la Inquisición durante
los siglos XVI al XVIII.
Este método, era conocido como el toro de Fálaris; y consistía
en meter a los herejes dentro de una esfinge de bronce o hierro
con forma de toro, quemándolos vivos. Esto divertía
especialmente a los espectadores, ya que los alaridos de las
víctimas se podían escuchar a través de la boca del toro,
asemejándose a los mugidos de dicho animal. Dentro de los
métodos de tortura más eficaces para sacar una confesión
verdadera o falsa, se encontraba la Cuna de Judas. Este método,
consistía en atar a la víctima de las muñecas y elevarla, para
luego dejarla caer sobre una pirámide muy puntiaguda para que
con su propio peso se le clavara en el ano, escroto o vagina. Ni
que decir tiene, que la confesión se conseguía en las primeras
veces, ya que esta operación se repetía sucesivamente hasta que
el condenado hablara o muriera, caso este último, que confirmaba
su culpabilidad.
Mucho antes de que Galileo enunciara las leyes del péndulo
simple, el Péndulo, era utilizado como método de tortura. Era el
aperitivo con el que se abría una buena sesión de tortura. Las
manos de la víctima eran atados a su espalda y por ellas, era
elevado. Al balancearse se producía la luxación de los hombros,
codos y muñecas. Era habitual añadir peso adicional atando pesas
a los pies del reo. La fustigación, que consistía en azotar a la
víctima con una fusta o vara, era un castigo extendido en la
mayoría de los ejércitos, desde la Antigüedad hasta la
Revolución francesa. Se aplicaba en caso de las penas
consideradas graves, como podía ser la deserción o el robo;
aunque si tenemos en cuenta que la deserción se podía pagar con
la vida, este castigo, era muy bien recibido.
Instrumentos de tortura y muerte:
La garrucha, El potro, La rueda, El borceguí, El casco y La
Doncella de Hierro
La garrucha era el nombre con el que se conoció en la España del
siglo XV, al método de tortura conocido como el estrapado,
propio de la época medieval. Consistía en atar al reo con las
manos atrás e izarlo con una cuerda por medio de una polea, de
ahí el nombre de garrucha. A la víctima se le colocaban pesos en
los pies, para después cuando se encontraba elevado, dejarlo
caer de golpe contra el suelo. Esto se repetía varias veces. Al
izado, que podía provocar las luxaciones de las articulaciones
de hombros, codos y muñecas, hay que sumar las posibles
fracturas y magulladuras, en todo el cuerpo y piernas
fundamentalmente, que producían las múltiples caídas.
El potro, es un instrumento de tortura en el que la víctima,
atada de pies y manos con unas cuerdas o cintas de cuero, a los
dos extremos de este aparato, era estirada lentamente
produciéndole la luxación de todas las articulaciones -muñecas,
tobillos, codos, rodillas, hombros y caderas-. Este método, se
tiene constancia que se aplicó durante todo el período que duró
la Inquisición en los países de Francia y Alemania; si bien ya
se conocía desde mucho antes y por supuesto se utilizaba
frecuentemente en las lúgubres mazmorras de castillos, prisiones
y palacios de justicia.
La rueda, era un instrumento que fue introducido en Francia en
el siglo XVI, y que era muy utilizado en la zona germánica de
Europa. Sin duda alguna, fue el aparato más versátil de la Edad
Media, ya que la víctima se encontraba a merced total del
torturador. El reo era ataba desnudo a la rueda, de pies manos y
cuello; mientras que el torturador le rompía poco a poco los
huesos de sus miembros, que era el objetivo de esta tortura,
pudiendo aderezarla con hierros candentes, cortes, mutilaciones
y algunas cosas más, que se le pasara por la imaginación.
También era habitual, colocar un miembro de la víctima o todo el
cuerpo, entre los radios de la rueda y hacerla girar,
quebrantándole los huesos. Como remate se podía dejar al reo
atado en la rueda a la intemperie, para que los animales
carroñeros se lo fueran comiendo poco a poco. Ha sido uno de los
instrumentos de tortura más crueles inventados por el hombre.
El borceguí era el tipo de calzado más popular del siglo XV,
cubría el tobillo y era abierto por su parte delantera y se
ataba con correas o cordones. Pues bien, en este período se
popularizó un método de tortura que se denominó con el nombre
del calzado, puesto que consistía en apretar el tobillo de la
víctima por medio de varias maderas enlazadas por unas correas o
gatos de hierro, para administrar presión, hasta quebrantar los
huesos.
Existían métodos para dar tormento de manera general y para tan
solo ciertas partes del cuerpo. Este era el caso del aplasta
cabezas ó cráneos. Este instrumento estaba compuesto por un
casco finalizado en un torno con una manivela. El casco, a su
vez estaba colocado en una estructura metálica que permitía que
al girar la manivela, fuera bajando. Pues bien, la víctima se
tumbaba boca abajo con la mandíbula apoyada en el suelo,
colocándosele entonces el casco y se comenzaba a girar la
manivela, provocándole la ruptura de los dientes, el quebranto
de la mandíbula y de los huesos del cráneo, antes de estrujar su
cerebro. El mecanismo por tanto, actuaba como una prensa.
La Doncella de Hierro era una especie de sarcófago provista de
estacas metálicas muy afiladas en su interior, de este modo, a
medida que se iba cerrando se clavaban en la carne del cuerpo de
la víctima que se encontraba dentro, provocándole una muerte
lenta y agónica. Las más sofisticadas disponían de estacas
móviles, siendo regulables en altura y número, para acomodar la
tortura a las medidas del "delito" del torturado. Además,
podemos encontrar desde el modelo más básico, que es un
sarcófago de hierro puro y duro; hasta las más refinadas obras
de arte, ricamente decoradas con relieves.
Instrumentos de tortura y
muerte:
La horca, Garrote vil, La cuerda y La sierra
La horca, instrumento de muerte que todos conocemos, formado por
una barra horizontal, sostenida sobre dos barras verticales, de
la que pende una soga con un lazo en la que eran colgados los
condenados a esta pena. En la Edad Media era la pena que los
señores feudales reservaban a sus vasallos plebeyos, de ahí, que
el ser ahorcado fuera la manera más vil de morir. En España, las
Cortes de Cádiz de 1812 la abolieron, siendo ratificada en 1828
por Fernando VII; aunque no nos engañemos, puesto que este
método de muerte fue sustituido por el de garrote vil desde1832.
Entre los instrumentos sencillos utilizados en pos de la
"justicia y la verdad", la Inquisición aplicó el método de la
cuerda a muchas de sus reos. Este método era sencillo pero muy
doloroso, consistía en colocar a la víctima sobre una mesa o en
el suelo, con unas cuerdas atadas a sus miembros o cualquier
miembro sobresaliente del cuerpo humano y girar dichas cuerdas
hasta tensarlas.
La tensión de la cordada que provocaba el estiramiento de los
miembros, daba lugar a la luxación de las articulaciones.
El garrote consiste en un aro de hierro, con el que se sujeta
contra un poste fijo, la garganta de la persona que se va a
ejecutar; oprimiéndola por medio de un tornillo de paso muy
largo hasta conseguir la estrangulación. También el tornillo
penetraba en la parte trasera del cuello rompiendo las vértebras
y por tanto, la espina dorsal. La muerte podía sobrevenir por
dos medios, asfixia o por el quebranto de la columna vertebral
de la víctima. En cualquier caso, el sufrimiento estaba
garantizado.
El garrote vil, es el nombre con el que se conoce en España al
garrote. Se introdujo en nuestro país a raíz del código penal de
1822. En 1832, se suprimió la horca y fue sustituida por el
garrote vil, estando vigente desde entonces hasta 1978, como uno
de los procedimientos utilizados para administrar la pena
capital. Por fortuna, en 1978, se abolió la pena máxima en este
país, en virtud de lo que se expresa en nuestra Constitución.
El garrote, además de ser el nombre con el que se conocía un
método de muerte, era la denominación que tomó un aparato de
tortura, propio de la Inquisición. Este instrumento consistía en
una mesa, a la que se le adosaban unos "garrotes" o prensas, que
oprimían las piernas de la víctima, por un lado; y los brazos y
pecho, por otro. Aplicando presión lentamente en aquellas zonas
del cuerpo, se producía un intenso y agudo dolor al provocar el
quebranto de los huesos.
La sierra, fue un método de muerte utilizado ya en tiempos del
bíblico Rey David. Esta pena, consistía en colgar boca abajo a
la víctima para que el cerebro estuviera bien regado y no
muriera el condenado desangrando antes de lo previsto; y se le
comenzaba a serrar desde el ano y los genitales hacia el pecho.
El acero de dientes agudos de la sierra cortaba fácilmente el
cuerpo de la víctima provocándole un gran dolor, si bien el reo
no comenzaba a perder el sentido hasta que se había llegado por
lo menos al ombligo. Era sanguinolento y muy cruel y fue
aplicado fundamentalmente contra homosexuales, de ahí que la
tortura comenzara por el ano y los genitales, objetos fruto del
pecado.
Instrumentos de tortura y muerte:
La sierra, Las jaulas colgantes, Los grilletes, El Cepo y La
Cigüeña
El método de la sierra ha sido muy utilizado, pero parece ser,
que muerte tan macabra ha sido eludida por la memoria selectiva
de la Historia. En España, este método fue usado en el ejercito
hasta el siglo XVIII como medio de ejecución. Goya captó de
manera magnífica, mejor que cualquier reportero de guerra
actual, los "Horrores de la guerra" -Guerra de la Independencia
española-, que enfrentó entre 1808 y 1914, a franceses y
españoles fundamentalmente, por el domino de nuestro país.
Durante la contienda los guerrilleros españoles cometieron
crímenes contra las soldados de las tropas napoleónicas
terribles, empleando el método de la sierra con los prisioneros
entre otras muchas crueldades.
De todos modos, el método de la sierra, era ya conocido por los
franceses que lo empleaban contra las brujas embarazadas,
supuestamente por el mismo demonio. En Alemania, en tiempos de
Lutero también se empleó esté método contra los cabecillas de
las sublevaciones campesinas.
Las aulas colgantes eran armazones metálicos que quedaban
suspendidos en el aire por un cable. Formaban parte del
mobiliario urbano de los ayuntamientos, palacios y cortes de
justicia de las ciudades europeas, hasta que poco a poco a
finales del siglo XVIII decayó su uso. Era el lugar de honor de
aquellos que hubieran cometido alguna acción, que tuviera que
servir de escarmiento y ejemplo para el resto del pueblo; o a
veces, cuando el pueblo requería justicia sobre algún hecho que
hubiera conmovido a toda la comunidad, la manera de manifestar
que la autoridad se encargaba de impartirla. El caso es que la
víctima, semidesnuda, que quedaba condenada a morir de
inanición, tenía que soportar las inclemencias del tiempo. En
ocasiones, tenía también que compartir su jaula con gatos
salvajes y otros animales que eran azuzados por los
torturadores; otras veces, eran las gentes del pueblo los que,
entre otras cosas, lo apedreaban.
Los grilletes han sido utilizados desde época antigua. Según
diversas fuentes, ya los egipcios conocían las cadenas y las
utilizaban para engrilletar a los esclavos y a los reos de
delitos de cualquier índole. En las mazmorras medievales era muy
habitual tener colgados de brazos o muñecas a los presos, por
medio de unas cadenas adosadas al muro, finalizadas en argollas.
Las víctimas podían permanecer de esta manera durante tiempo
indefinido, provocando a corto plazo, inmensos dolores,
calambres y luxaciones; y a largo plazo, la invalidez total de
las extremidades superiores e inferiores.
El Cepo, era un método más que de muerte, de castigo por
delitos de robo, disturbios o pendencias; aunque en un momento
dado se podía tener expuesta a la víctima hasta la muerte, si
así se decidía por la corte de justicia. También fue utilizado
como método de tortura para conseguir una confesión en las
mazmorras de castillos, palacios de justicia o cárceles
inquisitoriales. El Cepo era un instrumento que servía para
sujetar al reo por la garganta y las muñecas; y según el modelo
también por los tobillos, consistente en dos maderos ajustables.
La víctima quedaba expuesta al público en la plaza de la ciudad,
encontrándose a merced del populacho que lo vejaba y goleaba, a
veces incluso hasta la muerte, con el beneplácito de la
autoridad.
Los métodos de tortura han sido siempre expeditivos y han
conseguido la confesión de la víctima. La Cigüeña era un método
infaliblemente cruel, que consistía en someter al reo a este
aparato. La Cigüeña, en sí, es un aparato hecho de hierro que
sujetaba al condenado por cuello, manos y tobillo, y lo sometía
a una posición incomodísima que provocaba calambres en los
músculos rectales y abdominales; y a las pocas horas de todo el
cuerpo. Pero esto no terminaba aquí, ya que se acompañaba de
golpes de todo tipo, mutilaciones, quemaduras...
Instrumentos de tortura y muerte.:
La Pera, Garras de Gato, La Crucifixión, La Flagelación y La
Fustigación
Aparatos dedicados a fines médicos, como era el caso de la pera,
que servía para los estreñimientos, se modificaron y adaptaron a
las mil y una necesidades de los torturadores del siglo XV. La
Pera, era un instrumento con forma de pera que una vez
introducido en boca, vagina o ano, comenzaba a abrirse gracias a
un mecanismo giratorio. Además en sus puntas gozaba de unos
pinchos o púas que desgarraban la traquea, útero o el recto,
dependiendo por la zona en la que fuera introducido. La
modalidad oral de este invento, era aplicada a las personas que
habían obrado mal de palabra, es decir, herejes, ortodoxos...;
la anal, como no, a los homosexuales; y por supuesto la vaginal
a las brujas que habían mantenido relaciones sexuales con el
diablo, prostitutas, adulteras o mujeres que habían mantenido
relaciones incestuosas.
Utensilios que hoy en día nos parecen la mar de inocentes,
fueron utilizados como elementos de tortura física ciertamente
inhumanos, dejando secuelas corporales y psicológicas terribles
en los reos que lograban sobrevivir. De este modo, lo que hoy
conocemos como rastrillo de jardinero, eran conocidos en otros
tiempos como las Garras de Gato. Esta especie de rastrillo de
puntas afiladas arrancaban la carne a tiras de las víctimas
desnudas, que colgaban por sus muñecas suspendidas en el aire.
En ocasiones, dependiendo de la destreza del torturador se
llegaba incluso a separar la carne de los huesos. Cualquier
instrumento sencillo, ha servido a los torturados, como han sido
unas simples tenazas, que servían para arrancar de cuajo,
dientes y cualquier otro miembro sobresaliente del cuerpo
humano. El fuego y los hierros incandescentes servían también,
al igual que las tenazas, de un complemento perfecto. El famoso
escritor francés, Julio Verne (Nantes, 1828-Amiens, 1905),
inmortalizó en su famoso obra Miguel Strogoff (1876), su uso,
describiendo como el personaje de su obra era cegado utilizado
un hierro al rojo vivo.
La crucifixión consiste en fijar o clavar al reo en una cruz.
Generalmente la víctima moría por inanición, aunque sufría las
inclemencias del tiempo al encontrarse a la intemperie, además
de estar expuesto a los escarnios del pueblo, que ocasionalmente
podía apedrearlo. Este método de muerte fue muy utilizado en
época romana y en principio era la pena para sancionar a
ladrones reincidentes, violadores... Desde la crucifixión de
Cristo comenzó a ser la pena para castigar a los cristianos,
pero cayó en desuso al igual que caía el Imperio Romano. Esto se
debió sin duda alguna, al triunfo del Cristianismo, comenzando a
considerarse una herejía el uso de la crucifixión como método de
muerte.
La flagelación es un castigo consistente en azotar a una
persona. Los concilios cristianos de Agde en el 506 y Mâcon en
el 582 adoptaron la flagelación como castigo y posteriormente la
aplicaron diversas reglas monásticas como penitencia. Este
método se adaptó también como medio de tortura, utilizado para
conseguir cualquier tipo de confesión. A veces, las heridas
provocadas por los látigos y flagelos, eran tratadas con sal o
vinagre, que por un lado servían para desinfectar y evitar que
el reo muriera; y a la par, le proporcionaban un dolor tremendo
que servía de doble castigo.
La fustigación, que consistía en azotar a la víctima con una
fusta o vara, era un castigo extendido en la mayoría de los
ejércitos, desde la Antigüedad hasta la Revolución francesa. Se
aplicaba en caso de las penas consideradas graves, como podía
ser la deserción o el robo; aunque si tenemos en cuenta que la
deserción se podía pagar con la vida, este castigo, era muy bien
recibido.
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Tribunal
de la Inquisición Española
La Iglesia católica romana
Uno de los
apóstoles, san Pedro (llamado originalmente Simón o
Simeón), organizó a los cristianos en la Iglesia
primitiva. Es decir, parece haberlo hecho. Los relatos
históricos hablan poco de la vida y las obras de Pedro.
San Pablo, judío converso a quien se considera también
apóstol, predicó extensamente entre los gentiles (es
decir, no judíos), incluyendo a los romanos.
La Iglesia
católica considera a Pedro el primer obispo de Roma, y
allí, según la leyenda, fue crucificado por los romanos
hacia el año 64 d.C. La Iglesia estableció su sede en
Roma, donde los sucesivos papas (de la palabra latina
papa que significa padre) han sido ungidos como los
sucesores de Pedro y representantes de Dios en la
tierra.
Convertirse en “la
Iglesia”
Hasta la
Reforma protestante la Iglesia católica romana era
simplemente la Iglesia, al menos en Europa. La palabra
católico significa universal o de gran alcance. La
Iglesia católica romana era la iglesia de todo el mundo.
La
doctrina católica romana se centra en una Santa
Trinidad, en la que un dios toma la forma de tres
personas distintas:
Dios
Padre, Dios Hijo (Jesús) y Dios Espíritu Santo. Los
católicos veneran también a la madre de Jesús, María, a
quien consideran virgen después de haber dado
milagrosamente a luz. (Los santos son seres humanos
cuyas vidas ejemplares causan milagros divinos y cuya
virtud, confirmada por la Iglesia, los hace acreedores a
la condición de santidad.)
Aunque
varios emperadores romanos persiguieron a los
cristianos, Constantino el Grande dio media vuelta en el
siglo cuarto d.C., y no solamente ordenó tolerar el
cristianismo sino que convirtió a la Iglesia en una
institución rica y poderosa.
Una fuerza unificadora
A la caída
del Imperio Romano de Occidente, en el siglo quinto d.C.
la Iglesia permaneció siendo la principal fuerza
unificadora y civilizadora en Europa, llamada también la
cristiandad. Los reyes consideraban que su autoridad
era un derecho concedido por el dios de los cristianos.
El papa era no sólo un líder espiritual sino también
político. León III (el futuro san León) coronó al rey
franco Carlomagno como emperador de Occidente (o
emperador del Sacro Imperio Romano) en el año 800 d.C.
Cuando el
pontífice Urbano II hizo un llamado para la liberación
de los Santos Lugares (el Israel actual) del dominio
turco, su poder y prestigio impulsaron las Cruzadas en
1095.
Enfrentar disidencias y
abandonos
Sin
embargo, no todo el mundo estaba de acuerdo sobre si el
rey respondía directamente ante Dios o ante el Papa, y
esto produjo luchas de poder que duraron siglos. En la
Inglaterra del siglo doce este desacuerdo causó el
asesinato del arzobispo de Canterbury, a manos de los
soldados de Enrique II, lo que fue un desastre de
relaciones públicas para el rey. Enrique negó haber
ordenado el hecho, pero se había quejado del arzobispo,
Thomas Becket, quien había sido antes su canciller, y
había manifestado en voz alta su deseo de verse librado
de tan “turbulento clérigo”.
A veces
surgían disputas acerca de quién era el verdadero papa.
Cuando Federico 1, emperador del Sacro Imperio Romano,
estuvo en desacuerdo con la elección de Orlando
Bandínelli como el papa Alejandro III, ocurrida en 1159,
simplemente decidió nombrar por su cuenta, uno tras
otro, a sus propios candidatos, que recibieron el nombre
de antipapas. Víctor IV, Pascal III, Calixto IV e
Inocencio III se llamaron a sí mismos papas, pero Roma
replicaba: “Vaya! ¡Ninguno de ustedes es el verdadero
papa!”
Las luchas
de poder entre la Iglesia y los gobernantes nacionales
causaron la Reforma protestante del siglo dieciséis
La Reforma
produjo contiendas militares entre protestantes y
católicos, la mayor de las cuales fue la guerra de los
treinta años. Esta contienda comenzó en 1618, cuando los
protestantes de Bohemia, región que formaba parte del
Sacro Imperio Romano, trataron de nombrar un rey
protestante. España se lanzó a la guerra, del lado
católico, y como demostración de que las guerras
religiosas suelen ocurrir por causas ajenas a la
religión, la católica Francia se alió con los
protestantes. (Los franceses estaban inquietos por el
hecho de que los Habsburgo, familia católica que
gobernaba España y el Sacro Imperio Romano, se estaba
volviendo demasiado poderosa.)
Algunos
conflictos entre protestantes y católicos, pero sólo de
nombre, habrían de estallar mucho tiempo después. Uno
particularmente enconado se centra en la disyuntiva de
si Irlanda del Norte, en donde la mayoría de la
población es protestante, debe seguir formando parte de
la Gran Bretaña o unirse a la democrática y católica
República de Irlanda.
Puesta en marcha de la
Inquisición
Antes de
que el clérigo alemán Martín Lutero desencadenara la
Reforma protestante en 1517, ciertos funcionarios
eclesiásticos intentaron abordar el problema de la
percepción extendida y creciente de muchos europeos
acerca de la corrupción, indolencia y arrogancia de
sacerdotes y monjes. Algunos cardenales y obispos
trataron de expulsar a los clérigos de conducta
impropia. Estos ensayos reformistas tuvieron poco éxito,
excepto en España, país que, al enfrentar desafíos
diferentes de los de gran parte de Europa, produjo una
solución extremista.
Los moros,
que eran musulmanes, gobernaron España durante siglos.
Los cristianos tomaron el último reino musulmán de la
península en 1492, el mismo año en que Colón se hizo a
la vela. Muchos judíos vivían también en España. Y como
los moros eran más tolerantes que los cristianos
europeos hacia los judíos, éstos preferían vivir en las
regiones dominadas por los musulmanes.
Al perder
los moros el poder, judíos y musulmanes quedaron
paralizados. Podían salir del país, convertirse al
cristianismo o, posiblemente, ser asesinados. Muchos se
convirtieron, pero eran cuando mucho cristianos tibios:
odiaban a la Iglesia y a todo lo que simbolizaba, y
practicaban en secreto sus religiones.
Los
cristianos españoles temían que estos cristianos nuevos
se rebelaran si los moros de África del norte o los
turcos musulmanes del oriente atacaban. Por su parte, la
jerarquía eclesiástica temía que el resentimiento de los
cristianos nuevos minara la autoridad de los sacerdotes.
Para
aliviar estas inquietudes, los monarcas Fernando e
Isabel pusieron en marcha la Inquisición española,
campaña para detectar, exponer y castigar la herejía.
La
Inquisición ganó bien su reputación de minuciosidad,
imparcialidad (nobles, religiosos y gente del común eran
todos vulnerables) y abominable crueldad. Operaba en
secreto, empleando informadores anónimos y efectuando
arrestos nocturnos, y recurría al confinamiento
solitario y a la tortura para arrancar las confesiones.
La
sentencia era pública, sin embargo, y tenía lugar en una
llamativa ceremonia llamada auto da fe, en la cual los
prisioneros aparecían vestidos con una túnica especial
denominada sambenito. Las penas iban desde multas y
azotes hasta el trabajo forzado como remero en una
galera y la muerte por el fuego.
Tales
tácticas y castigos no eran inusitados en ese tiempo, y
de hecho la Inquisición era menos cruel que muchas
cortes civiles: prohibía la tortura que produjera daño
físico permanente y requería la presencia de un médico;
los condenados a la hoguera debían morir primero, casi
siempre por estrangulación.
Con todo,
la institución era temible. Los marineros extranjeros
tenían pavor de un arresto en España por piratería o
contrabando, pues estaban seguros de que terminarían en
manos de la Inquisición, y difundían historias sobre sus
horrores.
Simultáneamente, la Iglesia española se volvió más
rigurosa. Sacerdotes y monjes indolentes y corruptos
fueron expulsados. Así que cuando las ideas de la
Reforma protestante llegaron a España, no encontraron
tierra fértil. La Inquisición se encargó de aquéllos
pocos tentados por el protestantismo. Y sólo para
asegurarse, mantuvo alejadas las ideas que consideraba
peligrosas mediante la proscripción de libros y la
prohibición, para los españoles, de estudiar en
universidades extranjeras. El asunto funcionó y las
ideas calvinistas y luteranas no encontraron eco en la
península ibérica.
Se mantiene la continuidad
La Iglesia
permaneció siendo una importante influencia civil en las
naciones firmemente católicas y sus territorios, durante
el siglo dieciséis, y en la actualidad continúa teniendo
poder en muchos países. Los sacerdotes, que figuraron
entre los primeros españoles presentes en muchas
regiones del Nuevo Mundo , construyeron misiones y
convirtieron a los nativos, con lo cual el catolicismo
se convirtió en la religión mayoritaria de gran parte de
Latinoamérica.
La Iglesia
católica sigue ejerciendo influencia política. Sus
normas influyen desde hace tiempo sobre las leyes
civiles, especialmente en lo referente a problemas de
orden moral como el divorcio y el control natal, en
países católicos como Italia e Irlanda.
Algunas
conductas en los asuntos políticos son contrarias a la
política del Vaticano. En el siglo veinte, la Iglesia
católica romana censuró a los clérigos latinoamericanos
que predicaban la teología de la liberación y
participaban en movimientos políticos populares.
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