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¿El
cerebro de George W. Bush?
El
primer editor norteamericano de la biografía no
autorizada del presidente George W. Bush nos cuenta todo
lo que tuvo que sufrir y vencer para poder publicar su
libro en el país de las libertades. Considerado por la
crítica como la mejor biografía del inquilino de la Casa
Blanca. Esta historia nos enseña también cómo Karl F.
Rove, consejero presidencial, se sirvió de este libro
para colocar a George W. Bush a la cabeza de esta gran
nación
Durante
toda su vida George W. Bush ha tenido el derecho de
hacer trampas para tener éxito. Esto es lo que demuestra
el libro biográfico El Nerón del Siglo XXI, George W.
Bush presidente , comenzando con el trato de favor
del que se benefició en su juventud, como por ejemplo
los vínculos políticos de su familia, que lo protegieron
de la atroz realidad de la guerra del Viet Nam.
Este
mismo esquema lo ha ayudado y protegido en su edad
adulta y, gracias a las prudentes maniobras estratégicas
de sus consejeros, pero también gracias a la ayuda del
Tribunal Supremo —constituido por jueces amigos de su
padre— pudo abrirse paso hasta la presidencia.
En 1989
Bush en persona declaró a un amigo suyo: "Ya sabes,
podría presentarme para gobernador pero en el fondo no
soy más que una creación de los medios de
comunicación...Nunca he hecho nada..."
En 1994
la campaña de Bush para el cargo de gobernador del
estado de Tejas se basó únicamente en su pasado como
"hombre de negocios". Cuando la popular y mordaz
gobernadora saliente Ann Richards preguntó por qué todas
las empresas que Bush había dirigido desde 1979 sufrían
pérdidas por una suma total de 371 millones de dólares,
Bush apareció de inmediato en la televisión para
implorar que dejara de hacerle "esos ataques
personales".
Estrategias manipuladoras, gastos considerables y
anuncios televisivos alarmistas le permitieron a Bush
ganar finalmente las elecciones.
Durante
su mandato, el gobernador Bush recortó las
reglamentaciones medioambientales, haciendo de Tejas uno
de los estados con la mayor concentración de polución en
el aire y el agua de todo el país. Autorizó la ejecución
de 134 personas y ha dejado que la desigualdad entre
ricos y pobres crezca desmesuradamente.
Ha
limitado el acceso al aborto y legalizó la utilización
de armas de fuego ocultas —armas que se pueden camuflar
entre la vestimenta—, a pesar de las protestas de la
policía. Igualmente se negó a firmar una nueva ley
acerca de los "crímenes de odio" (crímenes basados en la
discriminación), todo esto después del asesinato de
James Byrd —un hombre negro que fue torturado y matado
por tres racistas blancos—, argumentando que tal
legislatura sería inútil porque "todos los crímenes son
cometidos a causa del odio".
Bush pasó
su juventud en un torbellino de libertinaje pero, aunque
esto sea comprensible para alguien con una existencia
tan vacía, lo que que tanto yo como Soft Skull Press,
encontramos excepcional es que nunca haya tenido que
rendir cuenta.
Nadie
ignora que Bush fue arrestado por tenencia de cocaína en
1972, pero las huellas o pruebas de este arresto fueron
eliminadas como un favor especial a su familia. Una vez
más Bush pudo infringir las normas y se benefició de un
trato privilegiado con respecto al resto de los
ciudadanos.
Durante
su campaña presidencial Bush no supo callarse y
guardarse para él solo su pasado de drogadicto. En
agosto de 1999, mientras los "cerebros de su campaña
presidencial" se encontraban lejos de la capital
preparando su "autobiografía" oficial, Bush decidió dar
una conferencia de prensa en donde se le escapó
torpemente mencionar que no había tomado drogas desde
1974.
Los
medios de comunicación gritaron victoria ante tal
espectáculo, Bush se convirtió en presa fácil para
ellos: ¡Otro político conservador más que se mete en un
callejón sin salida cometiendo un error delante de las
cámaras!
Imagínense ahora que usted es Karl R. Rove, el principal
consejero político de Bush. Estamos en agosto de 1999, a
dieciocho meses de las elecciones del año 2000. Esto
significa que en dieciocho meses usted debe transformar
la imagen pública de un incompetente de derechas en la
de un "hombre del pueblo". No era una tarea fácil: Karl
Rove y su equipo tenían que transformar la imagen de un
adinerado hijo de papá, consentido, que nunca había
logrado nada, en la de un hombre competente, elocuente y
simpático.
Karl Rove
no es ningún ángel. En los años 1970 fue investigado por
el Comité Nacional Republicano por haber organizado
seminarios en donde enseñaba a los estudiantes "mañas,
golpes bajos y todo tipo de trampa política" y, al igual
que George W. Bush, había estudiado en la escuela del
temido estratega político Lee Atwater, especialista en
este arte.
Después
de haber dirigido con éxito la candidatura de Bush para
el puesto de gobernador de Tejas, Karl Rove tenía que
afrontar el desafío que significaba hacer de Bush un
hombre digno de ser presidente. En enero del 2000, a
menos de un año de las elecciones, Frank Bruni del
diario New York Times relataba la devoción apasionada,
casi homosexual, de Rove hacia Bush: "Cuando Mr. Rove
habla de Mr. Bush le brillan los ojos con una mirada que
va más allá de la obligación profesional o de un interés
egoísta por la fortuna de Mr. Bush. Parece más bien un
capricho amoroso, a la vez platónico y político, que
resalta lo extraño de esta pareja tan particular: el
estudioso Mr. Rove, pálido y concentrado, y el
despreocupado Mr. Bush, sonrosado y folclórico".
Como se
preguntaba David Schribman en el revista Boston Globe en
julio del 2000:
¿Dónde se
sitúa el límite en el que George W. Bush termina y
comienza Karl Rove? ¿Es usted el mago que se oculta tras
el telón de George W. Bush? ¿Es usted el cerebro de
George W. Bush?
EL
PRETEXTO HATFIELD
Cuando
Bush dejó escapar torpemente que no había consumido
drogas desde 1974, Rove se dio probablemente cuenta de
que hacía falta encontrar una solución y un medio para
apartar del debate nacional la discusión sobre este
periodo del pasado de Bush, de una manera tan hábil que
ni siquiera Bush pudiera volver a mencionarlo.
Su
candidato había cometido este error durante una
conferencia sin la asistencia de consejeros en agosto de
1999, justo cuando la biografía El Nerón del Siglo
XXI, George W. Bush presidente, de James Hatfield,
estaba concluyéndose y casi lista para ser impresa por
su primer editor, St. Martin's Press.
A finales
de los años ochenta, en Tejas, James Hatfield conoció a
Clay Johnson, un viejo amigo de Bush y consejero del
mismo durante su mandato como gobernador de Tejas.
Hatfield —autor del presente libro, pero también de
otros ensayos— pensó que sus relaciones personales con
el candidato podrían aportar una visión "interna" a la
biografía de Bush.
De esta
manera contactó con Rove y Johnson y los interrogó
minuciosamente. Hatfield cometió el error de pensar que
tanto Rove como Johnson ignoraban que había sido
condenado en 1988 por incitación a un asesinato
(resultado de una conspiración en su puesto de trabajo
con horribles implicaciones).
Hatfield
había cumplido una condena de cinco años de prisión y
rehizo su vida después, lanzándose con éxito como
escritor de ensayos sobre la cultura pop y biografías de
actores. Rove y Johnson fueron conscientes de que habían
encontrado en Hatfield la solución al problema de drogas
de George W Bush.
El libro
de Hatfield se encontraba en su ultima fase
—correcciones y verificaciones antes de la impresión—,
cuando la página web Salon publicó un artículo indicando
que Bush fue arrestado por consumo de estupefacientes a
comienzos de los años setenta y "condenado por un juez
tejano a cumplir servicios de ayuda social a cambio de
eliminar toda huella de su delito, permitiéndole
conservar un historial de antecedentes penales
completamente virgen".
Este
artículo de prensa fue el primero en sugerir que Bush
había realizado trabajos de ayuda social en Houston a
cambio de que su delito fuera eliminado de su expediente
judicial. Hatfield trató de verificar esta historia por
medio de Johnson y Rove, que eran sus fuentes habituales
de información.
Según
Hatfield, Rove y Johnson hablaron con él por teléfono
acerca de aquel arresto de Bush por tenencia de cocaína
con la condición de guardar el anonimato. Rove había
llevado anteriormente a Hatfield a pescar al Lago
Eufaula, en Oklahoma, para hablar acerca de Bush.
Rove y
Johnson habrían alterado aparentemente los hechos
esenciales de la historia para desacreditar a Hatfield y
dejar a otros periodistas el mérito de aportar las
pruebas contradictorias.
En un
principio Rove y Johnson dijeron a Hatfield que el juez
que había arrestado a Bush era un juez republicano, una
mentira que, a pesar de ser descubierta fácilmente,
contribuyó a empañar la credibilidad de Hatfield.
La
editorial St. Martin's se apresuró para añadir la
historia del arresto por tenencia de cocaína como
epílogo del libro, pensando que desde su aparición en
las librerías las ventas serían gigantescas, que
aparecería en primera plana del New York Times y que se
beneficiarían de un flash informativo en el programa de
televisión Today.
Pero en
cambio, el editor se vio confrontado a un terremoto
mediático y a las amenazas de posibles procesos
judiciales por parte del equipo de campaña de Bush. En
un momento de pánico St. Martin's presionó a Hatfield
para que revelara la identidad de sus fuentes. Hatfield
se negó.
Como por
casualidad, el diario Dallas Morning News recibió de
pronto informaciones privadas y confidenciales sobre el
pasado penitenciario de Hatfield y el delito que lo
había llevado a la cárcel, y publicaron un artículo al
respecto.
Hatfield
se defendió alegando que dicho diario lo había
confundido con otra persona que tenía el mismo nombre y
trató de pasar inadvertido. Huyó de inmediato hacia su
casa en Arkansas, donde lo aguardaban periodistas y
cámaras plantados delante de su puerta. La historia se
transformó incluso en símbolo de la ironía. St. Martin's,
presa del pánico, ordenó retirar los 70 000 ejemplares
de las librerías y prometió quemarlos.
El
mensaje que transmitían los medios de comunicación más
influyentes como 60 Minutos o la revista Brill's fue el
siguiente: "¿No es vergonzoso que haya criminales que
escriban libros sobre pobres candidatos a la presidencia
y que los acusen injustamente?¿Dónde diablos estaban los
responsables editoriales encargados de verificar la
información antes de publicarla?"
Cuando mi
sociedad editora, Soft Skull Press, adquirió los
derechos para reeditar El Nerón del Siglo XXI, George
W. Bush presidente, Hatfield telefoneó
orgullosamente a Clay Johnson para decirle que la
campaña destinada a desacreditarlo —a él y su libro— no
había funcionado al 100%. Como respuesta, Johnson le
prometió llevar a la práctica una serie de amenazas si
el libro volvía a ser editado.
Es muy
interesante saber que el mismo George W. Bush admitió
que Hatfield se había dado cuenta de todas estas
jugarretas llevadas a cabo en su contra. En septiembre
del 2000 la revista Brill's Content publicó una
entrevista de Bush durante la cual George dejó escapar
varios lapsus muy reveladores y significativos, todos
ellos en relación con el libro El Nerón del Siglo XXI,
George W. Bush presidente: "Este libro es ultrajante.
Agradezco a mi equipo y a Pete Slover del [diario
Dallas] Morning News por haber avisado sobre la
naturaleza mentirosa de este autor. No habrá denuncia ni
queja ante la justicia"
¿No habrá
queja ni denuncia? En el habitual estilo rumiado e
incoherente de hablar que surge de sus pensamientos, ¿no
está Bush admitiendo de este modo que ha utilizado los
consejos manipuladores de su equipo, de sus amigos en
los medios de comunicación y la amenaza de un falso
proceso como únicos recursos contra la verdad?
Bush
asegura que ha destruido la "naturaleza" de Hatfield
calificándola de "ser fraudulenta", pero sin atacar ni
demostrar en ningún momento que los hechos en cuestión
expuestos en el relato sean falsos.
Bush y su
equipo de consejeros han permitido que los medios de
comunicación masacren y se ensañen con el pasado del
autor, pero nunca han indicado que la nota final del
libro de Hatfield sea fraudulenta. En repetidas
ocasiones Bush y su pandilla han calificado a Hatfield
de autor de libros de "ciencia ficción", cosa que es
inexacta ya que entre los títulos de este escritor
figuran biografías sobre algunos artistas o ensayos
sobre la cultura pop, pero ningún libro de ciencia
ficción.
Poco
después de que publicáramos la nueva edición de la obra
El Nerón del Siglo XXI, George W. Bush presidente
nuestra empresa editora, Soft Skull, su autor y grandes
cadenas de librerías que habían almacenado el libro para
su venta, fueron objeto de denuncias penales.
Este
proceso ante la justicia no fue directamente
desencadenado por el equipo de campaña de Bush, pero
supusimos durante largo tiempo que había un vínculo
entre quienes habían hecho la denuncia y el equipo de
campaña de Bush. Llegamos a exigir una investigación
ante un tribunal federal de Tejas con el fin de
descubrir la naturaleza exacta de este vínculo, pero el
juez nos exigió en primer lugar que aportásemos alguna
prueba sobre la existencia de dicho vínculo antes de
autorizar una investigación al respecto.
Después
de toda esta "cacería de brujas", de este zafarrancho
mediático y acoso jurídico, no quedaban muchas personas
con las fuerzas y el coraje para seguir de nuestro lado.
Esta obra
no fue distribuida en las librerías y comercios durante
más de un año, pero gracias a la amabilidad de los
responsables de la sociedad Publisher's Group West, el
libro vuelve a estar disponible.
Leer y
editar este libro me ha enseñado mucho sobre George W.
Bush, el hombre contra el cual vamos a luchar en todo
momento y durante el tiempo que queda de sus cuatro años
de mandato. Publicar El Nerón del Siglo XXI, George
W. Bush presidente me ha dado lecciones amargas
sobre cosas increíbles que suceden en los Estados Unidos
y sobre el poder del que gozan los privilegiados.
(Fragmentos tomados de Cubadebate)
Nota de
redacción: Cuando Sander Hicks escribió este artículo,
todavía estaba en vida James Hatfield, por eso no se
hace mención a su muerte. |